Débora Gutiérrez A.
No existe una "ceremonia" ni una invitación formal para que Verónica Anguita (42 años) y Marcelo González (47 años) hablen sobre sexualidad con sus cuatro hijos: Luz María (18), José Tomas (16), Juan Ignacio (13) y Pedro Pablo (9). Las preguntas y conversaciones han surgido naturalmente durante la cena, en un viaje en auto o en la intimidad de la pieza de uno de sus hijos.
Verónica es teóloga y hace clases de sexualidad en colegios y universidades, pero lejos el mejor lugar para hacer "educación sexual" es su casa: "Desde que están pequeños hemos hablado las cosas tal como son, sin disfrazar palabras ni hacer del tema de la sexualidad una broma, algo muy típico de nuestra idiosincrasia. Les entregamos juntos una versión valórica de las relaciones sexuales y tenemos una casa abierta para las dudas".
Luz María, su hija mayor, comenta que nunca ha sentido vergüenza o temor -como sí les sucede a muchas de sus compañeras de colegio- de hablar con sus padres sobre sexualidad.
"Ellos ven este tema con naturalidad y siempre me han entregado información consistente para que yo decida sin enjuiciar. Muchas de mis compañeras que no hablan con sus padres, porque ellos no quieren aceptar que las relaciones sexuales existen en la adolescencia, se arriesgan y no se cuidan", cuenta.
Disminuir tensiones
Una forma de disminuir la tensión que suele haber entre los padres y los hijos adolescentes es hablar con naturalidad sobre sexualidad, dice Ricardo Capponi, psiquiatra y psicoanalista. "Pero los padres no están preparados para hacerlo, se complican, no lo enfrentan y niegan lo que está pasando con sus hijos en el terreno sexual. Esto provoca una incomunicación que genera roces con los hijos, especialmente cuando la opción es prohibir y no educarlos en una sexualidad integrada al afecto".
Para la psicóloga y sexóloga de Ikastola, Renata Ortega, que además es mamá de tres hijos (de 22, 19 y 13 años), no se trata de limitar la información que se entrega sobre sexualidad a los adolescentes para "dejar todo claro para que no metas las patas". Es construir un diálogo que parte de las experiencias, para ayudarles a formar su propio sistema de valores sexuales.
Diálogos íntimos
A partir de ahí, agrega la experta, los hijos adolescentes pueden optar si están preparados para compartir su intimidad con otros.
"Los adolescentes echan de menos en los adultos conversaciones en un marco de naturalidad, diálogo bilateral (donde ellos puedan también expresar sus deseos y necesidades); que gire más en torno a lo que les está sucediendo en términos de emociones y sensaciones, que alrededor de culpas y advertencias".
En casa de Camila Quiroga (43 años), con dos hijos adolescentes (Joaquina Bravo, 17, y Camilo, 14) no existen temas tabú y menos prohibiciones para preguntar sobre sexualidad.
Camila cuenta que la confianza que tienen sus hijos para preguntar, para indagar o tantear terreno en este tema tiene que ver con una relación íntima que ha mantenido con ellos desde pequeños. "Yo les pregunto mucho cómo están y sin ser muy invasiva trato de conocer sus dudas con respecto a su sexualidad", comenta.
En efecto, esa "invasión" a la vida íntima de un día para otro, dice Renata Ortega, es una constante queja que los adolescentes les hacen a sus padres. "Esto hace pensar a los hijos que los adultos son incapaces de haber desarrollado un marco de naturalidad para conversar desde pequeños con ellos. Más aún, lo que más les choca y coloca a la defensiva es la actitud de interrogatorio que comienza a ser frecuente en los padres en esta etapa de la vida de sus hijos".
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