Pamela Elgueda
Cuando se habla de recién nacidos prematuros, los ojos suelen mirar a los extremos, a los que nacen de menos de un kilo y antes de las 28 semanas. Y se espera que estos pequeños tengan más escollos para aprender en la escuela, problemas de conducta y necesidad de asistencia en esas áreas. Sin embargo, este tipo de obstáculos no son exclusivos de ese grupo. A los que llegan al mundo entre las 34 y 36 semanas, el haber nacido antes también les pasa la cuenta. En Chile, el 5,5% de los nacimientos corresponde a niños de menos de 37 semanas.
"Comenzamos a enfocarnos en estas guaguas, los prematuros tardíos, porque nadie las seguía durante la etapa escolar, pese a que tenían problemas. Y aunque éstos son leves, cuando afectan a muchos niños pasan a ser un problema social", advierte la doctora Saroj Saigal, académica e investigadora de la Mac Master University, de Canadá.
Su amplia experiencia en el tema le valió una invitación para exponer en el XIII Seminario Internacional "Avances en Pediatría Neonatal", que realizó durante la semana pasada el Departamento de Pediatría de la U. Católica.
Servicios de apoyo
La doctora Saigal expuso diversas investigaciones que dejan un mensaje claro: "Los niños prematuros pueden conseguir logros, puede irles bien en la vida y ser felices. Pero siempre y cuando tengan acceso a ayuda, recursos a su disposición, y una familia educada y estimulante".
La académica hizo una revisión de diversos estudios que midieron los logros educativos y sociales de niños prematuros (tanto extremos como tardíos) en distintas etapas de sus vidas.
Entre éstos hubo mediciones del coeficiente intelectual, que mostraron una diferencia de 10 puntos más para los niños de término versus los prematuros. Pero los estudios sociológicos, que indagaron en las habilidades sociales de los pequeños, mostraron diferencias sólo hasta la adolescencia. En la adultez, quienes habían nacido prematuros mostraban desempeños sociales similares a los otros: tenían empleo, se habían casado, y tenían hijos y buenos amigos.
"Alguna vez pensamos que en su vida adulta iban a ser dependientes de sus padres, incapaces de formar familia, de casarse. Pero en la práctica vemos que lo están haciendo muy bien", dice Saigal.
Estos logros o "luz al final del túnel", sin embargo, no son gratuitos. Por una parte, se deben a "padres muy motivados y que los incentivaron a salir adelante, pese a todas las dificultades".
Por el otro, algo muy relevante: "Mis resultados son aplicables sólo para países ricos, donde existen acceso a la salud, un ingreso razonable, un buen estándar de vida, servicios de apoyo para superar cualquier dificultad", señala la doctora Saigal.
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