P. Elgueda y C. González
Todos tenemos pequeños detalles corporales que no nos gustan, pero hay personas que aunque tienen una apariencia física normal, cuando se miran al espejo sólo ven a alguien feo o incluso deforme. Se trata de quienes sufren del trastorno dismórfico corporal, una dolencia psiquiátrica que, según una reciente investigación, tendría su origen en el cerebro.
Un estudio de la U. de California en Los Ángeles (UCLA) demostró que el cerebro de estas personas es, en principio, estructuralmente normal, pero el problema es que funciona de modo anormal cuando procesa ciertos detalles visuales.
Según el autor principal del estudio, doctor Jamie Feusner, uno de los rasgos característicos de este desorden es que los enfermos piensan que todo el mundo se dará cuenta de su "imperfección", aunque sea minima.
"Es una deformación de la imagen corporal que va más allá de lo lógico. Hay una preocupación excesiva por un detalle físico, y esto hace que la persona no sea capaz de observar su imagen de una forma global y objetiva", agrega la doctora Daniela Gómez, psiquiatra del centro Aida.
De hecho, estudios realizados en Estados Unidos muestran que entre el 6% y el 15% de estos pacientes consulta por una cirugía estética para solucionar el "detalle" físico que los agobia. "Son personas que rechazan los espejos o que se ven mil veces en ellos. Otra conducta típica es compararse con los demás", cuenta Ignacia Burr, psicóloga clínica del Centro de Nutrición de Clínica Las Condes.
Si bien esta patología afecta a entre el 2% y el 4% de la población, es un problema que puede llevar al aislamiento social e incluso al suicidio. "Provoca angustia o depresión", agrega la doctora Gómez.
Para revelar cómo el cerebro de los pacientes con este trastorno procesa la información visual, el equipo del doctor Feusner pidió a 17 pacientes y 16 personas sanas que miraran fotos de diferentes rostros (incluido el propio). Algunas imágenes estaban modificadas digitalmente para resaltar algunos detalles (pecas, nariz, ojos).
Obsesión con el detalle
En imágenes de resonancia magnética, los investigadores observaron que los pacientes usaban más a menudo su hemisferio cerebral izquierdo -mejor preparado para procesar detalles complejos-, cuando miraban sus propias fotos e incluso cuando contemplaban las imágenes sin modificar.
En cambio, en los sujetos de control esta área se activaba sólo al interpretar los datos de las fotos modificadas. Sus cerebros procesaban las imágenes originales y más sencillas en el lado derecho del cerebro, que está más orientado a ver las cosas en su globalidad.
"Nuestro descubrimiento sugiere que en el cerebro de una persona con el trastorno dismórfico, el 'hardware' está bien, pero hay un problema técnico en el funcionamiento del 'software', que impide que los pacientes puedan verse con los criterios con los que lo hacen otros", explica Feusner.
Ahora, la esperanza está en que los investigadores puedan identificar maneras de "entrenar" los cerebros de estos pacientes para que puedan aprender a percibir sus rostros de modo más fidedigno.
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