Terremoto en Chile
Sábado 06 de Marzo de 2010
El terremoto marcó el nacimiento de una nueva "generación sísmica" de chilenos


Amalia Torres

"Nunca pensé que un terremoto fuera así, tan fuerte. Mientras duró, miré por la ventana y vi cómo la tierra se movía de manera ondulante, cómo el agua de la piscina se transformó en olas, cómo los árboles iban de un lado al otro. Era como una película de ciencia ficción. Quedé muy impresionada con esas imágenes", dice Catalina Álvarez, de 24 años.

Ella, como todos quienes nacieron después de marzo 1985, nunca había vivido un terremoto: el que azotó al país la semana pasada se transformó en su bautizo.

De hecho, esa es la imagen que Leonardo Villarroel, presidente del Colegio de Psicólogos, utiliza para describir lo que le ocurrió a esta generación: "Los jóvenes están siendo iniciados en esta práctica de ser chilenos, que implica incorporar situaciones de catástrofes naturales que muestran nuestra fragilidad, pero que también nos indican que siempre está la capacidad de recuperarse, de volver a levantarse y esa es otra lección para ellos".

Y agrega: "Con este terremoto los chilenos descubrimos nuestra vulnerabilidad material y social, vimos que la sociedad de bienestar se borró de un plumazo. Y a quienes viven esta experiencia por primera vez, eso les afecta aún más".

Aprender a conocerse

La madrugada del 27 de febrero, Catalina Álvarez estaba en su casa con su hermana mayor y, a pesar del susto que vivieron, reconoce que hay algo bueno detrás de esta experiencia. "Por lo menos ahora sabes cómo actuar frente a otra experiencia de este tipo. A mí, por ejemplo, no se me había ocurrido escuchar las noticias en la radio del auto, pero ahora ya sé. Estoy acostumbrada al computador, a internet, la información fácil e inmediata, pero ahora me doy cuenta que hay que volver a lo básico: a tener pilas, radio, linternas".

Chamarrita Farkas, docente de la Escuela de Psicología de la UC, coincide con Catalina: "Uno no sabe los recursos personales que tiene hasta que los pone a prueba. Entonces vivir esta experiencia les permitió a muchas personas saber cómo se manejan ante una situación crítica, cómo pueden actuar de mejor manera y prevenir futuros problemas".

Mirar al otro

Pero no sólo eso. Según la psicóloga, académica de la Universidad Alberto Hurtado y máster en psicosociología, Verónica Gubbins, una tragedia como ésta puede obligar a los adolescentes a "romper el círculo narcisista propio de esa edad, y hacerlos conectarse con el resto, moverlos a ayudar".

Así le sucedió a Carlos Fernández (15), santiaguino, quien pasó el terremoto y posterior tsunami junto a gran parte de su familia en la playa de Matanzas, VI Región.

"No se me olvida la imagen de nosotros en la camioneta, tratando de subir al cerro y la gente corriendo al lado. Muchos desaparecieron", dice.

"Conocer el sufrimiento del resto en este momento puede ser un punto de partida para una vida más preocupada por los otros. Por la intensidad de la experiencia es muy marcadora a nivel emocional, entonces muchos jóvenes recordarán no sólo lo mal que lo pasaron, sino cómo ayudaron. Esto genera un efecto positivo en términos de desarrollo personal", señala Chamarrita Farkas.

Antes de vivir esta experiencia límite, Carlos había hecho "aportes mínimos en las colectas de fundaciones". Pero desde el lunes pasado, en cambio, pasa todo el día en un café del barrio Lastarria donde, junto a una veintena de jóvenes que en promedio bordean los 21 años, envía información a través de redes sociales sobre la situación de diversas localidades.

Para hoy, además, organizaron una "twitterón" para recolectar ayuda.

Catalina admite que aunque durante el terremoto fue una afortunada -su casa no sufrió daños y junto a su hermana actuaron tranquilas desenchufando los aparatos eléctricos y desconectando la alarma para poder salir de su casa sin problemas-, las imágenes televisivas de las consecuencias del sismo la han motivado a ayudar.

"Hay una necesidad de hacer algo por tu país. Obviamente hay gente más individualista, pero por lo que yo he visto, eso se disipa. Todos están tratando de colaborar como sea, yo lo veo en mis amigos".

Ella, por ejemplo, ya llevó ropa, comida y artículos de aseo para los que lo perdieron todo y espera poder ir junto a sus compañeros de universidad a ayudar en la zonas donde los necesiten.

Marcela Baeza (26) estaba en Temuco para el terremoto y en el camino de vuelta hacia Santiago vio pueblos en el suelo, caminos cortados y gente desolada. "El lunes, cuando vi las noticias, lloré toda la tarde. Es impactante, imborrable todo lo que pasó. Esto nos va a marcar para siempre".

Sobreexposición

Hay que evitar que los niños vean imágenes del terremoto para que no se angustien, explica la psicóloga Chamarrita Farkas. En los jóvenes, agrega, hay que evitar la sobreexposición. "Es necesario mostrarles que esas tragedias que se ven en la televisión efectivamente sucedieron, pero que no son lo único. También hay casos de solidaridad, por ejemplo, que casi no se muestran. Por eso es necesario que un adulto use esa información para conversar del tema".

Comparta sus experiencias anteriores

Juan Carlos Camus, un famoso twittero, posteó hace pocos días sobre su "mochila telúrica". Ya tiene tres terremotos en el cuerpo: el de 1971, 1985 y el del sábado pasado. Claro que a pesar de su "experiencia" en la materia, éste fue el primero que tuvo que estar a cargo de su familia.

"En cada etapa de la vida el terremoto te va a impactar de manera distinta, según la edad y responsabilidades que tengas", señala la docente de la Escuela de Psicología de la UC Chamarrita Farkas.

Juan Carlos se ha encargado de hablar con sus tres hijos sobre este tema para que entiendan que se trata de algo esperable en el país. "Les cuento qué hice en los terremotos que he vivido, y en la casa nos hemos preparado para que todos sepan qué hacer. Tenemos una radio a pilas para los terremotos y todos saben que en una esquina de la cocina hay fósforos, velas y linternas. Tienen que aprender a vivir con esto", dice Juan Carlos.

"En el país siempre está presente el tema del terremoto. Hay una memoria colectiva que nos recuerda las catástrofes naturales. Y eso es bueno, porque de esta forma se les enseña a los niños qué cosas pueden o no hacer en una situación dada, y eso además les transmite seguridad", explica la experta.

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