Débora Gutiérrez A.
Érase una vez una princesa que rescataba a un hermoso príncipe de un malvado dragón. Érase una princesa que cambió sus vestidos y sus elegantes zapatos por zapatillas para convertirse en una famosa futbolista. Érase la misma princesa, pero esta vez pirata, que emprende sorprendentes aventuras y cuyo final feliz no es necesariamente casarse con el príncipe azul.
Esas son las historias que recoge una nueva corriente de literatura infantil que modifica radicalmente los estereotipos de hombre y mujer que por tantos años acompañaron los cuentos de hadas. Es decir, princesas cuya feminidad está ligada a la belleza y la fragilidad, y hombres que son intrépidos aventureros. Por el contrario, estas nuevas historias le confieren a ambos géneros nuevos roles: ellas, activas e independientes; ellos, más colaboradores y menos héroes.
Es que los libros infantiles, como muchas otras expresiones culturales, son el reflejo de los cambios que hoy vemos en nuestra sociedad, dice Teresa Valdés, socióloga de Cedem.
Por eso no es de extrañar que los nuevos cuentos de hadas, tal como pasa con la mujer hoy, abran un abanico de posibilidades de acción para las niñas. "Imagina cuántas pequeñas sueñan hoy con ser presidentas de Chile, algo que era una rareza para generaciones anteriores".
Llama la atención que estos nuevos cuentos de hadas continúen utilizando la figura de las princesas. La psicóloga infantil Valentina Quintero explica que esta fantasía, que tanto atrae a las niñas, ha constituido por años un referente o figura de identificación para el público infantil. Pero, a diferencia de las historias más clásicas, las princesas contemporáneas son valientes, independientes y, además, protagonistas de las historias.
Las escritoras españolas Dori Santolaya y Berta Piñán escribieron una serie de cuentos donde justamente son las pequeñas quienes acaparan las aventuras: En el cuento "La niña de la Luna", el personaje principal busca y se mueve por alcanzar sus sueños y lo hace en colaboración con los niños que la rodean.
Al contrario de los estereotipos clásicos, dice a "El Mercurio" Dori Santolaya, la niña no espera que nadie le solucione sus problemas, no es pasiva, ni sumisa, ni miedosa. Es una mujer activa, que toma sus decisiones y emprende su propio camino.
Parecida es Carmelita, la muñeca de Trapo de la escritora nacional Estela Socia. En Chile, indica Socias, el poder de los personajes femeninos aún es muy incipiente, "porque los estereotipos clásicos todavía son muy llamativos".
Ventana al mundo
Son justamente los cuentos los que influyen en el comportamiento de los niños, asegura la psicóloga Valentina Quinteros: "Estas historias son las primeras ventanas donde los niños y niñas descubren el mundo, las imágenes, las palabras, adjetivos y estereotipos. Estos funcionan como espejos y entran en su subconsciente sin reparos y con la facilidad que lo hace la fantasía en los niños".
Por eso hoy las autoras escriben de niñas más audaces, como "Grace para Presidente", bestseller en Estados Unidos de la escritora Kelly DiPucchio o la Princesa Smartypants (La princesa sabihonda, en castellano), de la inglesa Babbette Cole, que no quiere casarse con un príncipe, pero sí cuidar a sus animales y vivir las aventuras más increíbles de su reino.
Sin ir más lejos, el Sernam -junto a la Junji- lanzó el año pasado una serie de cuentos con un enfoque de igualdad de género. Una de sus historias cuenta las aventuras de un grupo de niñas futbolistas que se reúnen los sábados a jugar.
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Posteado por: Ignacio Díaz S. 16/03/2010 12:48 [ N° 1 ] |
Me parece muy bien el cambio de rol. Me parecía patético la historia de la princesa que sólo se puede ser feliz esperando al principe azul. |
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