Educación
Lunes 15 de Marzo de 2010
Detectar a tiempo un trastorno del lenguaje previene secuelas


Andrea Manuschevich

Nicolás siempre fue una guagua tranquila. "Y como usaba tanto chupete, no hablaba", recuerda Beatriz, su madre. No fue hasta que él empezó a ir al jardín infantil, cuando ella notó que sus compañeros tenían un grado de lenguaje bastante más avanzado.

Cuando tenía tres años, las tías del jardín le recomendaron a Beatriz que llevara a Nicolás donde un fonoaudiólogo. Fue ahí cuando supo que su hijo tenía un trastorno mixto del lenguaje; no sólo tenía problemas para producir palabras, sino que también para comprenderlas. "Siempre lo vimos como la guagua de la casa, es nuestro hijo más chico y pensamos que tenía un carácter más callado que su hermana", cuenta Beatriz.

Papás alertas

Los trastornos del lenguaje no se detectan a simple vista. Sin embargo, los especialistas señalan que los padres pueden ir evaluando el desarrollo de sus hijos gracias a determinadas etapas comunicativas por las que éstos atraviesan desde el nacimiento.

"En los primeros tres meses es importante que el niño tenga algún tipo de respuesta a los sonidos. Por ejemplo, que abra los ojos o parpadee cuando hay un ruido fuerte", cuenta el pediatra de la Clínica Las Condes, Juan Pablo Torres.

Más tarde, entre los seis y nueve meses, se espera que las guaguas comiencen a decir sus primeras palabras, como "mamá" o "papá", además de ciertos vocablos y sonidos menos estándares que usan para expresarse. "Entre el año y el año y medio, los niños ya debieran responder a su nombre, seguir órdenes bien simples y decir entre tres y cinco palabras", agrega el médico. Y por último, al bordear los dos años, los niños ya debieran decir 50 palabras aproximadamente y combinarlas en pequeñas frases.

Si bien estos hitos del desarrollo del lenguaje sirven como una guía para los padres, estos son sólo una referencia. "Hay que ser flexibles. Que el niño al año no diga ninguna palabra no significa que tiene un retraso", explica Marcos Manríquez, pediatra y neurólogo de la Clínica Alemana.

"La preocupación debe comenzar cuando se van sumando cosas, como que un niño diga muy pocas palabras y que además no tenga buena comprensión", agrega el doctor.

En estos casos, o también cuando los niños no presentan avances en cuanto a vocabulario a medida que van creciendo, es recomendable visitar a un especialista. Así, un médico puede descartar otras alteraciones mayores, como un retraso mental, un grado de autismo o bien una sordera.

Existen distintos tipos de alteraciones relacionadas con el lenguaje. Dificultades de pronunciación y emitir menos palabras que el resto podría ser sólo un retraso simple. Pero un niño con estos problemas y además con otros de comprensión y estructuración de frases podría tener un trastorno específico del lenguaje. Y, además de todas las alteraciones anteriores, cuando no hay contacto ocular, se podría tratar de algún tipo de autismo.

Si el tratamiento es oportuno no deberían existir problemas a futuro. "Pero cuando no es así y el niño tiene una alteración más severa, pueden haber secuelas, como trastornos de aprendizaje", cuenta Iris Arredondo, fonoaudióloga del Centro Educativo Integral Aprender y Más.

De acuerdo al doctor Torres, casi el 20% de los niños que entran al jardín podría tener algún retraso en el desarrollo del lenguaje, por más simple que éste sea. Y alrededor de 6%, tiene un trastorno más severo, agrega Manríquez.

Estimular es la clave

Además de los diagnósticos de los médicos y del tratamiento de un fonoaudiólogo, el rol de los padres es fundamental en el desarrollo de sus hijos.

"Es muy importante cómo la madre le habla al niño. Más lento, variando las inflexiones tonales, los contrastes y usando palabras cortas y bien moduladas", cuenta Arredondo.

Además, juegos tan simples como mostrarle a una guagua un objeto y luego esconderlo con las manos y preguntarle: "¿Está o no está?", también sirven para desarrollar el lenguaje de los niños, al igual que pedirles que nombren cosas, hacerles preguntas y estimularles el balbuceo, entre otros.

"Lo peor que pueden hacer los papás es celebrar a los niños cuando estos pronuncian mal, en vez de corregirlos", asegura Arredondo. Concluye: "Uno siempre tiene que ser el modelo correcto".

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