Terremoto en Chile
Viernes 27 de Agosto de 2010
El terremoto todavía está a flor de piel


Gabriela Bade

Todas las mesas se llenan al mediodía en el mercado de Constitución. No es el único lugar a tope. En las calles, la gente se mueve y vive acostumbrada a pasar por el costado de casas destruidas y, en algunas partes, por sitios eriazos donde antes había bares, casas grandes y una vida agradable.

Aunque el paisaje cambió, con mediaguas y rincones donde se arrumban toneladas de escombros que dejó la ola de barro y agua que arrasó la ciudad, Constitución se ve en marcha.

"Yo las he tocado todas..., pero de las buenas, porque lo malo hay que olvidarlo", dice María Isabel Espinoza. Ella perdió todo, "pero no me ha faltado nada, y nunca me acerqué a pedir nada, porque pensé que había personas que necesitaban más que yo".

La alarma se prendió cuando Bárbara, su hija, colapsó. "Le faltaba el aire, no entendía, no quería nada". Y así fue como llegaron a la Fundación Rodelillo, que desarrolló en Constitución un operativo de asistencia psicológica, social y financiera para encarar la crisis.

"Había una incertidumbre acá... Uno no sabía qué hacer. Y ellos, como que nos enseñaron a caminar de nuevo", sigue María Isabel. Ella ahora vive con su familia en un departamento y acaba de invertir 250 mil pesos de un microcrédito que le dio la fundación en un fardo de sostenes de ropa americana. "Y ya empecé a vender", cuenta.

"En los procesos humanos, las cosas no pueden ser a la rápida. Estoy de acuerdo en un voluntariado que ayude a levantar mediaguas, pero la reinvención de una persona es mucho más profunda y larga. Después de seis meses, lo que vemos es que recién empiezan a aflorar nuevos problemas. Los dolores y las urgencias siguen presentes", explica Macarena Currin, directora de la Fundación Rodelillo.

Por esta visión del tema es que Rodelillo se concentró en esta ciudad. Cinco profesionales -una psicóloga y cuatro trabajadores sociales- vivieron allá durante los últimos cuatro meses, mientras otras 15 personas gestaban desde Santiago recursos para el plan.

"Sesenta mujeres fueron las que financiaron microcréditos para 60 familias. Las otras 100 familias del programa están todas con trabajo. En total, el programa costó 26 millones, pero gestionamos 200 millones que quedan en Constitución", sigue Macarena.

De ese dinero, algo más de 100 mil pesos recibió Ana Abarca para comprar un horno industrial. "Antes yo pensaba que estaba mal, ahora sé que se puede estar mucho peor", cuenta mientras mira los restos de su antigua y enorme casa, sin evitar lo que entre los constitutanos se ha vuelto cotidiano: llorar.

Ahora vive en una construcción de madera que pudo instalar en su propio patio, y tras participar de los talleres de la fundación, se lanzó a hacer pasteles. "Empecé recién con panqueques y los vendí todos".

Anita Araya también fue por la iniciativa privada. "Voy a comprar una máquina de coser para hacer accesorios para baño", dice en su casa, que es una suerte de torre de Pisa. Es de madera y está inclinada; una viga de madera es lo único que la sostiene ahora.

"Antes del terremoto, nunca pude postular a un subisidio. Ahora postulamos a un departamento que nos deberían pasar a fines de año", cuenta, con la cara llena de risa.

"Da gusto verla, cambió ciento por ciento. Yo no le he dicho esto, pero cuando yo volvía del trabajo, la veía triste, desanimada. Con los talleres, anda feliz", dice su marido, con la voz también quebrada por el llanto.

Para Luis Figueroa, el 27F también fue una oportunidad. "Yo era medio 'levantado', porque había tenido buenos trabajos en la minería, pero estaba cesante como hacía ocho meses. Cuando pasó esto, tuve que agachar el moño no más. Les pedí permiso a los carabineros y salí a las calles a recoger los pedazos de zinc, las tazas de escusados, todo lo que estaba tirado por el maremoto", cuenta. Ahora tiene un galpón que levantó también con un micrecrédito.

Marcela Vargas es otra que optó por el pan y los pasteles. Compró una cocina a leña donde día por medio hornea panes y pasteles. Originalmente, su plan era hacer un negocio de costuras con su socia, Sandra Muñoz. Pero ella desapareció tras el maremoto. Compró una cocina a leña. "Cuando amaso, no estoy para nadie. Pero me ha ido bien".

2 Comentarios publicados
Posteado por:
Víctor Leopoldo Alzamora Herrera
27/08/2010 19:03
[ N° 1 ]

Primero se deben reparar y promover nuevas mentalidades.

Posteado por:
tamara riquelme carasco
03/02/2011 10:31
[ N° 2 ]

yo creo que el dia 27 de febrero es dificil de olvidar yo soy de santiago pero el temor y la angustia que quedo de ese dia yo creo que le afecta mas a las personas que lamentablemente perdieron familiares y sus hogares.yo creo que el 80% de las personas tiene miedo de temblores que siguen en la zona sur

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