Más allá de lo expuesto en cartas, artículos y debates, la cuestión de un plebiscito para decidir el futuro de una parte de la ciudad –de aquella parte donde se vive– es bien simple: quienes optaron por un determinado lugar por la calidad de vida que ofrece, tienen derecho a manifestarse frente a un posible cambio. No voy a entrar en detalles frente al tema del cambio, pero basta mirar cómo la población se ha ido desplazando hacia la periferia de la ciudad debido a que el suelo ha sufrido transformaciones que han modificado (generalmente para mal) las condiciones de las zonas residenciales.
Se podría aceptar la idea de que la población es ignorante en temas de planificación, que la gente no sabe de urbanismo, que los vecinos sólo ven su propia comodidad y no tienen suficiente visión del total de la comuna como para decidir, mediante un plebiscito, si cambiar o no la normativa de edificación. Se podría aceptar, asimismo, que estos temas deben ser resueltos por los “expertos”, las autoridades, aquellas personas verdaderamente capacitadas para planificar la ciudad de modo que crezca ordenada, limpia, descongestionada, bella. Podría ser esto cierto en una amplia mayoría de comunas, pero no en Vitacura. La razón es muy simple: esta comuna contiene zonas residenciales con los mejores índices de calidad de vida de Santiago, si se considera dentro de éstos la altura de edificación, la densidad y la cercanía con redes de conexión al resto de la ciudad, pero al mismo tiempo posee una de las avenidas más mal desarrolladas del sector oriente. Avenida Vitacura es quizá la calle más fea de la comuna, convertida en una larga saga de compraventas de automóviles que arrasaron con todos los árboles de las veredas; locales comerciales que convirtieron casas en gigantografías de plástico mal hechas; botillerías y pubs que forraron antiguas viviendas en material de utilería, como si se tratase de una escenografía transitoria pero que día a día se solidificó más y más convirtiéndose en una imagen, una cara precisamente planificada por expertos, un “orden” que irradió su estética hacia el interior de las manzanas y hoy se extiende por las calles laterales.
Más allá de la altura de edificación de cierta calle, de la creación o no de un boulevard, de las torres altas o bajas, los ensanches de calles, el impacto vial y los precios de las propiedades –cuestiones que para bien o para mal están ligadas a esta decisión– lo importante es que por primera vez los vecinos inciden en el futuro del lugar donde viven por una vía legal.
Postdata: El tiempo dirá si eligieron bien o mal. El tiempo dirá si en realidad eran los vecinos aquellos verdaderamente capacitados para decidir, o si los “expertos” debieron proceder sin más trámite, como se ha hecho siempre en todas las comunas del país generando las ciudades que hoy tenemos.
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Posteado por: Ana María Tranquileo 28/03/2009 14:37 [ N° 1 ] |
Si su conclusión es "El tiempo dirá" para que nos lo hace perder leyendo su perspectiva del tema??? |
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Posteado por: Francisco Mena Holzapfel 28/03/2009 21:30 [ N° 2 ] |
Felipe Creo que haz demostrado que los arquitectos en este país no tienen opinión, ni cuando la deben tener para influir en el desarrollo de la ciudad, ni cuando por cultura general deben generarla y crear debate. |
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Posteado por: gabriel muñoz perez de castro 29/03/2009 08:22 [ N° 3 ] |
Me parece que esta columna no propone nada es un simple comentario de contar lo que todos vemos. Una forma muy snob de tener publicidad sin decir nada. |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 31/03/2009 18:25 [ N° 4 ] |
Se quejan los pacientes, cuando el médico dice “el tiempo dirá”, ante un hecho consumado. ¿Qué más podría opinar si el tratamiento recetado por los especialistas fue cambiado por las agüitas y aspirinas decididas por los vecinos?
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