
Más allá de un visible éxito comercial, Subcentro, la reciente propuesta de espacio público en el sector del Metro Escuela Militar sobrevivió a aquello que los escépticos crónicos –yo incluido– definíamos como espacio muerto. Hace un par de años, pocos hubieran dado un peso por la otrora galería lúgubre y vacía, ejemplo evidente del fracaso de la gestión del subsuelo. Jamás hubiéramos apostado por la recuperación de aquel pasadizo decadente, de circulaciones caóticas, de lugares inconexos, de jardines inaccesibles, de paisajismo básico e inútil, donde lo único que aparentemente funcionaba era el reino de los taxistas, una suerte de gobierno que operaba en segundo plano y que dominaba todo lo que pasaba debajo del puente.
Subcentro es el resultado de una idea no muy distinta de la original, pero bien hecha. Una propuesta que, aún aceptando el supuesto de que el espacio público actual se sustenta en gran medida por un programa comercial, lo mezcla con actividades al aire libre aprovechando los flujos que se producen en un terminal como éste. En otras palabras, mezcla un comercio adecuado en un área de gran flujo peatonal con un sistema de plazas idóneo, convirtiendo las antiguas bandejas de pasto inútiles en lugares de esparcimiento y tránsito. Parece obvio.
La austeridad de su arquitectura es producto, quizás, de no haber caído en la trampa del referente bananero, y de haber trabajado, en cambio, con lo que se tiene más a la mano; con aquello que no dice más cosas que las necesarias. Tal vez ahí esté la clave del éxito de esto: no hay referencias caribeñas ni palmeras de plástico. No hay piedras de yeso ni neones rosados. Ya eso se agradece, y demuestra que no es necesario ser chabacano para tener un centro comercial exitoso.
Desarrollado por la oficina Sabbagh Arquitectos, Subcentro se convierte en un modelo genérico. En este lugar, entremedio de la estación del metro y la superficie, se distribuye un centenar de locales comerciales que esta vez vieron la luz, literalmente, y generan un tiempo distinto en el paso de la gente que antes “arrancaba” del tren para encontrar una salida. Ahora, esa misma gente aprovecha un espacio público en el que además se desarrollan actividades culturales. En otros sitios, quizá menos complejos que éste, el modelo podrá tener múltiples aplicaciones, y ya no seremos tan pesimistas respecto de esta difícil mezcla entre infraestructura de transporte y espacio público.
Postdata: Hasta los lugares muertos y olvidados tienen su oportunidad, aún cuando sea el comercio el que los salve.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 04/04/2009 12:43 [ N° 1 ] |
Tenía aún en la memoria las dificultades de transitar durante su construcción (o remodelación). Vale leer aportes especializados, positivos como éste, que ayuda a destacar los valores y a disfrutarlos cada vez que se habiten. Es un aporte a un vivir feliz privilegiando lo bueno, potenciando el optimismo y entusiasmo con que fueron concebidos los espacios, cual sonrisas y caricias permanentes impregnadas en la arquitectura, desde las mentes creativas. |
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Posteado por: cristian rudloff kuttner 17/04/2009 12:28 [ N° 2 ] |
Si, yo trabajo al lado, y le dio otro aire a la zona. |
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