Felipe Assadi
Sábado 23 de Mayo de 2009
Poco de bicentenario


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La semana pasada le pregunté a un arquitecto colombiano por una ajada maqueta que colgaba en uno de los muros de su oficina. “Es la maqueta del Concurso Internacional Portal Bicentenario, ese tongo que armó el gobierno de tu país en 2001, y que creo que todavía no construyen”, dijo con cara de escéptico, como si supiese de sobra que muchos concursos de arquitectura en Chile –comúnmente los que convoca el MOP– tienen un final poco feliz. De hecho a aquel “Portal Bicentenario” se le cambió el nombre por “Ciudad Parque Bicentenario”; ya no tiene esos grandes molinos de viento que lo convertían en el más importante proyecto sustentable del país –cuestión que le valió ser escogido para el primer premio en dicho concurso– y lo peor de todo, de “bicentenario” le queda bien poco.

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A tres años de haberse cerrado el aeródromo Cerrillos, lugar donde se emplaza el proyecto "Ciudad Parque Bicentenario", no se ha vendido ningún predio para construir ni una sola vivienda.


Si. Poco de bicentenario, como varias de las promesas de mejorar la infraestructura urbana para el 2010, unas más importantes, otras sencillamente irrelevantes. Poco de bicentenario, ya que dentro de un año deberían estar instaladas unas 700 familias en diez barrios frente a un parque de 50 hectáreas, en circunstancias que, a tres años de haberse cerrado el aeródromo de Cerrillos –lugar donde se emplaza el proyecto– no se ha vendido ningún predio para construir ni una sola vivienda.

El proyecto emblema del gobierno de Lagos, aquel que encabezaba ese pretencioso acervo de obras que darían una nueva cara a Chile con motivo del cumpleaños número doscientos de la República, es en este momento un trazado que mezcla un bello jardín verde rodeado de unas incipientes aunque prometedoras palmeras, mezclado con la aridez de un aeropuerto abandonado; todo esto a la espera de las casas y edificios, aquella materia prima aparentemente fundamental para que esto se convierta en un barrio, o en su defecto, en una ciudad parque, como le llaman.

No obstante, al letargo crónico que este ambicioso icono del urbanismo inmobiliario sufre –al igual que otras de las apuestas de apellido bicentenario– habría que agregar una reciente propuesta de alteración en el plan regulador de Cerrillos sugerida por el alcalde de esa comuna. Ésta reduce la altura de edificación y por ende disminuye la densidad, lo que no sólo demora la consolidación de esta ciudad parque sino que atenta contra la viabilidad del proyecto entero.

Postdata: Como sea, ya sabemos que basta en Chile solamente una primera piedra para cortar una cinta y dar por inaugurado algo con bombos y platillos. Por lo tanto, no cabe duda que festejaremos el bicentenario con éste y muchos proyectos más que deberán ser re inaugurados en serio, quien sabe si un par de décadas más allá del mentado cumpleaños.

5 Comentarios publicados
Posteado por:
Gastón Eduardo Munizaga Duplaquet
23/05/2009 18:03
[ N° 1 ]

El ferrocarril a Puerto Montt, el nuevo diseño del Transantiago, otros mas pequeños y el Gran Parque Bicentenario, obras que hablan por si solo de quién las propuso o impulsó.- Huelgan las palabras.-

Posteado por:
Gastón Eduardo Munizaga Duplaquet
23/05/2009 18:08
[ N° 2 ]

El Bicentenario, o sea 200 años de vida indepandiente, se refiere a todo Chile, por lo que el comentario, que aquí se relata está incompleto.- Las mejores obras, para fecha tan singular son las construcciones delos nuevos observatorios, obras casi fantásticas.- Lo lamentable es que son internacionales y no son para el bicentenario.- Lo que se ha hecho en Chile es la misma nada.- Lamentablemente al parecer nadie tomo en consideración las maravillosas obras del

Posteado por:
Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
24/05/2009 00:01
[ N° 3 ]


Nada más vergonzoso que el concurso TORRE BICENTENARIO.

Proyecto ambicioso y sin sentido, que derrochó el tiempo y los recursos de tantos arquitectos, ante la promesa de un sueño, que no serviría más que para proyectar las ambiciones presidenciales del entonces alcalde de Santiago.

Una burda ilusión improvisada, que no llegó ni siquiera a la primera piedra y mucho menos a cintas para cortar.

178 proyectos presentados, cuántos dejados a medio camino.

Estimando por parte baja un promedio de 7 profesionales por equipo, 1.204 profesionales que trabajaron gratis (descontando los 42 que algo compensaron como premios).

Un regalo de tiempo y recursos a razón de 2 a 4 millones de pesos por cada oficina.

Todo un presagio de la crisis. La tabla de salvación de tantas oficinas, que no dudaron en gastar el fruto de otros trabajos o endeudarse por una ilusión sin respaldo.

Monumento al sinsentido y al derroche de recursos ajenos.

“Estamos felices (…) es el concurso en que más proyectos se han presentado, y además, el que ha convocado a más arquitectos jóvenes” declaró orgulloso el entonces alcalde.

Como para criticar a otros.


Posteado por:
gonzalo carrasco purull
24/05/2009 13:47
[ N° 4 ]

Lo peor es que a cada llamado de concurso corremos presurosos sin poner en duda ni las bases, ni el programa ni lo razonable de cada propuesta. Como arquitectos aceptamos los llamados a concursos sin cuestionar nada...como si fuese un dictamen divino (y afuera no es diferente, veamos el caso de Dubai). En todos los concursos mencionados hubo arquitectos que aceptaron hasta las más alocadas ideas (una torre de 300 mts sin programa, al lado de la estacion mapocho??...por favor). Por otra parte detras de cada uno de estos concursos esta siempre la tutela del colegio de arquitectos que al igual que los participantes, si las bases emanan de la autoridad, silencian cualquier objeción. Sres arquitectos, nadie nos obliga a participar, pero si a ser mas responsables al momento de avalar concursos dudosamente viables.

Posteado por:
Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
24/05/2009 15:41
[ N° 5 ]


EL ABSURDO DE LOS CONCURSOS

Si previo al llamado a concursar por proyectos se participase con argumentos en pro o en contra de la idea y las bases, los tiempos dedicados serían mejor aprovechados.

Con todo, es un abuso la gratuidad de la participación en concursos, sin cancelar al menos los costos. Por el contrario, hasta las bases suelen ser vendidas; y existe tiranía en la recepción, apertura y evaluación.

Se trata de un sistema que instituye el trabajo regalado, considerando que las ideas son la materia prima del trabajo profesional del arquitecto.

No me imagino una fila de médicos ante un paciente, para entregar gratuitamente sus diagnósticos, terapias y recetas, después de haberlo examinado, optando a que pueda ser el único elegido parra pagarle sus honorarios. Ni hablar de imaginarlos rechazados por el color del sobre que entregan o por tantas excusas irrisorias.


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