
Durante mucho tiempo esta columna ha reflexionado sobre Santiago, destacando la relación que sus habitantes establecen tanto con la infraestructura como con el espacio público. La crítica ha tomado en cuenta no sólo estas relaciones, sino también aquellas gestiones que en definitiva hacen ciudad. Así, todo lo que la interviene en algún grado, por mínimo que sea, queda afecto al menos a una discusión.
Obviamente ha habido mejoras visibles, pero también fracasos rotundos: obras mal planificadas, soluciones mal ejecutadas que han debido rehacerse; un cúmulo de instancias que han afectado tanto los trazados urbanos como los edificios públicos, las redes de infraestructura vial, plazas e incluso el equipamiento urbano. Errores que, producto de intereses particulares, han afectado para siempre el entorno, y que parten por no entender que la ciudad nunca está terminada, que es una máquina que cambia día a día.
En Santiago, los problemas urbanos se van “subsanando” vía “expertos” cotidianamente, y sus habitantes transitan sobre un campo de prueba y error, casi sin decir una palabra, como si la costumbre y el hábito favorecieran una relación muda, distante.
Los planes reguladores han favorecido el crecimiento horizontal de la ciudad generando un ensanche del radio urbano. Ello aumentó la congestión y así –como un remedio casi peor que la enfermedad– surgieron las autopistas urbanas mediante proyectos que se hicieron en paralelo con las ejecuciones de las obras. Luego se inauguró un sistema de transporte público que ha sido un brutal fracaso.
Los mecanismos mediante los cuales se ha ido construyendo Santiago han evidenciado, en toda escala de cosas, que no ha habido la suficiente seriedad en las evaluaciones ni en los proyectos, lo que ha reportado una serie de elefantes blancos esparcidos por la urbe, provocando rupturas irreparables.
Los proyectos urbanos se han politizado a tal punto que han dejado de pertenecer a la ciudad. Muchos de ellos, así como numerosas “primeras etapas” que sólo quedan allí, se han convertido en banderas de triunfo o en pancartas de campañas políticas. Lo mismo ha ocurrido con el manoseado Bicentenario de la República, que a estas alturas se ha convertido en excusa para generar promesas de cambio.
Postdata: Tapar el hoyo, en esta materia, pareciera ser una actividad oficial que, por supuesto, nos mantiene ocupados y nos da trabajo.
|
Posteado por: María Angélica Rivas Núñez 25/07/2009 17:45 [ N° 1 ] |
"Errores que producto de intereses particulares afectan para siempre el entorno y convierten a los ciudadanos en víctimas". Realmente somos víctimas del descriterio que considera que el crecimiento y desarrollo del país se mide por el número de edificios mal ubicados, mal terminados, mal... que se levantan en cualquier comuna, sin un riguroso estudio previo. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | |||
| 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 |
| 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 |
| 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 |
| 26 | 27 | 28 | 29 |