Felipe Assadi
Sábado 08 de Agosto de 2009
Veredas digitales


Felipe-Assadi.jpg

¿Quién podría pasarse unos minutos más de la cuenta observando el contenido de esas lujosas pantallas ubicadas en zonas de alto tránsito? Esta semana lo intenté, varias veces, y lo único que recuerdo, además de bocinazos, fue la colección de garabatos que recibí cada vez que me detuve para tratar de ver el mensaje completo.

Sin duda, un chiche tecnológico de punta, que bien podría estar ubicado en zonas estancas, plazas o fachadas proyectándose hacia el espacio público. Hace unos quince años ése parecía el futuro de varios edificios que, bajo el equivocado referente de un Times Square o un Picadilly Circus, comenzaron una frustrada incorporación de estos luminosos letreros en la vía pública.

lucess.jpg

Frustrada no sólo porque en su mayoría los casos no alcanzaron a constituir un hito; más bien se trató de puntos aislados en algunos sectores específicamente ligados al comercio, cuyo propósito pareciera jamás haber tenido un sentido estético que aportase a la imagen de la ciudad más allá de un fin meramente funcional: ser una paleta publicitaria mejorada.

Aunque con mayor grado de sofisticación, pero con una depurada torpeza en sus emplazamientos, estos televisores urbanos han encontrado los peores lugares para transmitir contenidos cuyos tiempos de duración sobrepasan con creces los tiempos reales de uso de dichos sitios. Salvo un par de ejemplos, ya viejos y conocidos, otros de carácter privado y que por lo mismo no pertenecen al circuito público, las nuevas súper pantallas distraen más de la cuenta.

Y así como no hay mucho tiempo para leer por completo el mensaje, tampoco lo hay para observar el desorden que impone la publicidad en las calles, especialmente aquella caótica experiencia de las imágenes en movimiento sobre un letrero caminero.

Para quienes, encandilados por estas brillantes ideas, aún creen que el progreso se nota en estas externalidades, los elementos de este tipo parecen ser responsables de una imagen futurista y de ciudad desarrollada.

Postdata: Para otros, se tratará de una fuente de ingreso poco despreciable, que llenará las alcancías municipales para invertir luego en mantener las ciudades más limpias y ordenadas, con menos cables a la vista y mejores condiciones de visibilidad para sus ocupantes. Curiosa paradoja.

2 Comentarios publicados
Posteado por:
alvaro lozano comparini
08/08/2009 09:29
[ N° 1 ]

Muy de acuerdo Felipe..

Esto NO va a parar..hoy deben haber unas 10 pantallas digitales...y van a llegar a 1000...

Va a pasar algo similar con los Unipoles en la Vía Pública...hace 8 años, eran normados, tamaños razonables de 3 x 1 mts. a una distancia prudente de la calle...

En cambio hoy, surgen como callampas, sin ningún respesto por la sociedad, son megaletreros de 10x15 mts, unos encima de otros, la peor imagen país..

Les pagan 50 lucas a un poblador para instalarlos, 50 lucas a la municipalidad y me imagino que le ofrecen "canje coimas" a alcaldes, diputados, senadores de todos los colores, para sus campañas políticas..

Ni el MOP ha podido sacarlos de las autopistas urbanas...deben tener un poder enorme estas empresas...o deben tener muy buenos "socios".

ALC

Posteado por:
federico hunger m
08/08/2009 12:00
[ N° 2 ]

me sorprende el escaso conocimiento, o la ceguera, que evidencia la publicidad callejera respecto a las conductas y preferencias de los consumidores.
a los habitantes urbanos nos impactarían muy profundamente otras formas de vivir la experiencia del contacto con una marca, un servicio, un producto. hay muchas mustras de eso en el mundo.
¿por qué no intentar un plan piloto en un barrio o sector?
bastaría que el municipio conformara una mesa redonda en que participaran profesionales de vanguardia en sus disciplinas, como urbanistas, publicistas, empresarios del rubro callejero y gente del marketing empresarial, diseñadores ... y por supuesto el funcionario a cargo de los ingresos por publicidad callejera.
apostaría doble contra sencillo que el barrio elegido lograría una vida mas serena, las empresas impactarían duraderamente a sus consumidores y las arcas municipales mejorarían sus ingresos.
¡pero no sigamos con estos televisores gigantes en las calles!

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