
Por Felipe Assadi
Arquitecto
Pese a estar todavía sin operar, el nuevo Centro Cívico y Teatro de Las Condes, ubicados en el espacio que antiguamente ocupó la Casa Consistorial de la Municipalidad, ya ha estrenado su entorno. No hablaré del edificio, ya que esta columna no habla de edificios. Y la verdad es que no hay mucho que decir de éste por ahora, a excepción de notar una clara despreocupación por integrarse con su exterior.
En noviembre pasado se presentó la muestra Donantes de todo Corazón, que ocupó el espacio intermedio central del edificio y una buena parte de la vereda sur de la manzana. Luego se inauguró la Sala de Exposiciones con la Gran Muestra de Textiles Andinos, acto que se efectuó en este lugar público de la comuna y que evidenció de manera dramática la pobreza espacial de un sitio que debió ser un hall urbano –aunque de escala pequeña, pero urbano al fin y al cabo–, pero que no es más que un ancho pasillo de acceso a algún edificio corporativo común y corriente.
Pero no nos desviemos. Lo anterior fue sólo para entender que, para bien o para mal, el edificio y su plaza ya fueron efectivamente inaugurados, al menos con aquella tijera que corta cintas tricolores antes de tiempo, tijera por cierto muy cotizada por los gobiernos actuales.
Por lo tanto, y en virtud de los ya crecidos pastos verdes y las frondosas palmas que lo adornan, los estacionamientos ya funcionando y exposiciones organizadas, es válido criticar que, dentro del anodino y mecánico diseño de este jardín del centro cívico no exista ningún escaño. No hay al menos un lugar para sentarse. Y no hay un metro cuadrado de sombra diseñado para descansar un minuto.
Lo de Centro Cívico tal vez le quede grande. Quizá sea más honesto llamarle extensión o ampliación de la Municipalidad –cuestión que de hecho es– pero de centro, y de cívico, tiene bien poco. Porque más allá de que no hayan considerado asientos en la plaza, no existe ningún sitio en el que se reciba, de manera grata y con voluntad cívica, a la gente que transita por el sector, que ahora se encuentra con un serpenteante pavimento circundado de pasto, rodeado por cuatro calles y flanqueado por una caja de vidrio incapaz de absorber condiciones de espacio público.
Postdata: Miremos los centros cívicos de las municipalidades vecinas, Vitacura y Providencia. Ahí pasan las cosas. Ahí se puede pasear, ahí juegan los niños, ahí se gestan verdaderas actividades con condiciones para el público. Eso es Centro Cívico.
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Posteado por: raúl fuenzalida 20/02/2010 16:18 [ N° 1 ] |
Yo lo encontré un poco pop. Si lo convirtieran en discotheque o en un club nocturno demás que tendría éxito, adquiriría vida. |
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Posteado por: josé francisco reyes gonzalez 22/02/2010 13:12 [ N° 2 ] |
yo creo que no hay que perder el norte de tal acción. Con la finalidad de que sea una contrucción arquitectónica bakan, debemos en empeñarnos de acoger una mirada mas civíca. el público siempre tiene la razón. y no nos olvidemos que en un tiempo mas va a estar puesta la mirada en este centro y las personas misma serán capaces de exigir su espacio. pd: y que paso con la constanza |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 27/02/2010 02:35 [ N° 3 ] |
Francamente la crítica me parece tan cierta que logra explicarme las razones por las que este edificio me parecía impersonal y prefería circular por la acera poniente, que tiene espacios urbanos con puentes y profundidades ligados a las arquitecturas, que son bastante más atractivos. |
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