Felipe Assadi
Sábado 27 de Febrero de 2010
Rico mar Nuestro


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Quizá todo lo bueno y todo lo malo que le puede ocurrir a un balneario costero durante un periodo largo de tiempo le sucede a Maitencillo en este momento. Desarrollo explosivo ligado a la mala calidad de algunas de sus edificaciones, absurdos gigantes en su planificación que han permitido la extraña aparición de construcciones donde supuestamente estaban prohibidas −en la playa incluso−, pasando por alteraciones de normas que han habilitado pisos extra donde tampoco estaba permitido.

¿Por qué hablar de Maitencillo? Porque es uno de los balnearios más grandes y bonitos que existe en la Región de Valparaíso y está siendo amenazado por el serio peligro que acecha a una playa de esta envergadura, y que la puede convertir en un par de años en el lugar más detestable de la zona. Cuestión que sin duda le ha pasado paulatinamente a otros balnearios en años anteriores.

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Ilustración: Francisco Javier Olea


Cuesta demasiado preservar sitios de interés como éste, en el que se pueden encontrar casi seis kilómetros de playas de variados tipos y de una biodiversidad única en la región, en un área de al menos mil metros lineales de borde protegido, el que ahora ha sido violado brutalmente por inmuebles que destruyen el perfil del acantilado. No cuesta nada, en cambio, deshacerse de un paisaje así. Es muy fácil convertir un capital como éste en un sitio obsoleto y de mala calidad.

Buceando entre alegatos y reclamos de vecinos me he topado muchas veces con clamores por Maitencillo y sus alrededores. La prensa ha sido dura pero justa cuando observa el resultado de los carretes en las playas, que algunas veces han convertido a este lugar en una suerte de terrain vague. Allí todo puede pasar ya que la autoridad es blanda y permisiva, quizá por el solo hecho de admitir la mayor densidad posible en una zona que, si bien es grande, no da abasto.

A las construcciones fuera de línea y los edificios en altura fuera de norma hay que agregar los basurales en la playa, el empobrecimiento de las antiguas casas, la destrucción de reservas naturales del borde sur, las instalaciones “temporales” como kioscos de mala calidad, juguetes inflables que tapan la vista, ferias artesanales sin artesanía y una caleta de pescadores que vive en huelga y por lo tanto está cerrada. Cuestiones que, si no se subsanan pronto, terminarán con la riqueza de Maitencillo.

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