Cuando pasadas unas semanas de ocurrido el desastre de Chaitén se pensó en reconstruirlo en otro sitio, alejado de la amenaza del volcán, la cuestión tuvo una lógica geográfica irrefutable. La fuerza de la nostalgia no superó a los datos duros los que, pese a la imposibilidad científica de prever futuros eventos, le sugirieron a la localidad un nuevo emplazamiento.
Ahora se discute si reconstruir aquí o allá los pueblos y ciudades devastados por el mar. Los técnicos fundamentan el cambio en la peligrosidad inminente que significa vivir en el borde del mar. ¿Es que acaso Chile no es puro borde de mar? Los pobladores abogan por reconstruir encima de lo que ha sido siempre su pueblo, no sólo porque ahí está el trabajo que los sustenta sino también sus raíces y costumbres. El borde, en este caso, no sólo los nutre sino que los identifica. Paradójicamente, la misma lógica geográfica que determinó en el caso anterior que el pueblo escapase de su lugar de origen es la que sugiere esta vez que una caleta de pescadores siga estando en el mar y no sobre los cerros.
Si aceptáramos la tesis de los especialistas –y no siempre estoy en desacuerdo con ellos– el país no sólo iría dejando pueblos fantasmas esparcidos en zonas de desastres naturales como si fuesen pequeñas civilizaciones extintas, sino que habría que concentrar a todos los habitantes en los valles más altos, de tal modo de protegerlos de los peligros que acarrea la cordillera, entre aluviones y erupciones volcánicas, por una parte, y de los posibles maremotos por la otra, entendiendo además que los valles bajos se inundan con frecuencia.
La reconstrucción debe considerar no sólo la calidad de las nuevas viviendas: la emergencia va a generar ciudades de emergencia, que se construirán para quedarse, pese a que su lógica esta vez sea la transitoriedad. La reconstrucción debe considerar también la identidad de cada poblado, sobre todo la de aquellos que han vivido de dicho lugar, ya sea por la pesca o por el turismo. La reconstrucción no puede confundirse con la construcción de emergencia.
Siguiendo el criterio de los que creen en la reconstrucción fuera del sitio original, habría que pensar entonces en mudar a cada poblado situado a orilla del mar a las grandes ciudades.
Postdata: Algunos poblados fueron arrasados pero no se han borrado sus raíces. De quienes tienen entre sus manos la reconstrucción depende mantener o no la identidad de estos hombres.
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Posteado por: Tomás Cristóbal González Fierro 14/03/2010 14:05 [ N° 1 ] |
Completamente de acuerdo con la sana e ilusoria intensión de mantener la identidad de todos los pueblos que hoy se encuentra modificada, en la horizontal. |
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Posteado por: juan ravera kiss 17/03/2010 10:23 [ N° 2 ] |
CIUDAD AMURALLADA |
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Posteado por: Nora María Kaufmann Johnson 10/04/2010 18:06 [ N° 3 ] |
Los pueblos del sur siniestrados vivían del turismo y para eso podrían hacer estacionamientos y miradores en la parte alta de la playa, conectado con una buena urbanización en los cerros, que pueda contenerlos a todos, veraneantes y locales. |
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