Felipe Assadi
Sábado 17 de Abril de 2010
Arquitectura a dedo


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Una de las comunas de Santiago que más se ha esforzado en mantener un alto estándar en la calidad de su espacio público y equipamiento ha sido, por años, Providencia. Cuando pienso en amplios jardines y en las mejores arboledas, inevitablemente pienso en Providencia. Por lo mismo, es extraño que esta municipalidad sea la que más trabaje a puertas cerradas. La mayor parte del equipamiento mediano que ésta ejecuta se diseña en sus mismas dependencias: los cafés literarios, los ensanches de calles, las plazas y parques, etc.

Otro ejemplo de esto es la transformación del Museo de los Tajamares en un centro cultural; proyecto que ya está listo y que se dio a conocer esta semana. Para su diseño no hubo llamado a concurso público, pero probablemente las obras den como resultado un buen edificio, aunque resulta imposible juzgarlo a priori.

El problema de los encargos a dedo es que estos impiden a la comunidad proponer ideas para su crecimiento, y así se pierde la oportunidad de contar con los mejores proyectos. Y aunque eso no desacredita el profesionalismo de quienes reciben esos encargos, ni presupone una mala calidad de sus proyectos, los resultados suelen no ser los mejores, y la razón está en el costo de oportunidad que el proceso de un concurso público conlleva.

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Ilustración: Francisco Javier Olea

Uno de los grandes valores en las ciudades europeas que se han modernizado durante las últimas décadas, está en que la arquitectura pública se ha hecho mediante concursos públicos, muchos de ellos con convocatoria internacional. Sin ir más lejos, Colombia ha hecho una gestión digna de imitar. Importantes urbes como Bogotá, Cali y Medellín, en sólo quince años, cambiaron completamente sus caras, logrando no sólo los mejores edificios con los que se podía contar, sino también una población agradecida de la nueva calidad de vida que aporta la buena arquitectura y el urbanismo bien aplicado a sus barrios.

Postdata: Unos ganan, como siempre, y otros pierden. Lamentablemente, estos últimos no son los arquitectos y urbanistas que se quedaron sin hablar, sino partes importantes de ciudad que sumadas a otras delinean finalmente nuestro suelo.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Patricia Muñoz Silva
17/04/2010 13:50
[ N° 1 ]

Eso se llama " compadrazgo", implica falta de transparencia en el uso de dinero público, en algunos lugares del planeta se le llama " corrupción". Se podría evitar tal práctica si por ley fuera obligatorio que todo proyecto público tuviera que ser adjudicado por concurso...

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