
Por Felipe Assadi
Arquitecto
Se puede ver en varias ciudades del mundo regalos con retorno o “boomerang”, hechos por arquitectos estrella que han “donado”, sin fines de lucro o de otra especie, proyectos de arquitectura para que dichas localidades puedan ser más bellas, más importantes, más visitadas y por lo tanto más desarrolladas. No cabe duda que lo primero que se percibe en estas iniciativas es un egocentrismo monumental, que supera con creces a la envergadura del obsequio. Lo peor de todo es que muchas veces estas dádivas vienen con sorpresa, y terminan siendo un “cacho”, caro y de difícil mantención.
Nosotros nos salvamos de una de estas regalías hace un par de años. El brasileño Oscar Niemeyer había donado gentilmente uno de sus “ovnis” para que el pueblo de Valparaíso, aparentemente desprovisto de carácter arquitectónico, gozara al fin de una obra que le diera apertura mundial. Pero el regalo fue rechazado. La comunidad entendió la vanalidad de esta externalidad, que no tenía nada que ver con la ciudad, y lo devolvió muy agradecida.
Ilustración: Francisco Javier Olea
El español Santiago Calatrava, por su parte, ha regalado también varios de sus puentes a distintas ciudades del mundo. Lo curioso es que en este caso son urbes muy turísticas y los emplazamientos han sido escogidos con pinzas. Por lo tanto las donaciones tienen una evidente doble intención.
Dos casos de Calatrava llaman la atención: el puente instalado en Puerto Madero, Buenos Aires, y uno de sus más recientes, en Venecia. El primero –que jamás he tenido la suerte de ver funcionando–, le costó a la ciudad la no despreciable suma de seis millones de dólares y pese a su belleza pasa un tanto inadvertido frente a la inteligencia de la restauración urbana donde se emplaza. El segundo, inaugurado hace tres años en la ciudad italiana donde un puente es algo obligado, no ha cesado de ser reparado por sus malas terminaciones, sin contar con que el “regalo” fue sólo el “mono” inicial, y el desarrollo finalmente fue encargado a una oficina externa que cobraba lo razonable. Es el más nuevo de los puentes venecianos y el único incómodo de cruzar, ya que no supo administrar la proporción entre la altura y desarrollo de sus gradas. Es el único cuya baranda, pese a ser de vidrio, incomoda la vista de la mayoría de los peatones; el único con un pasamanos de bronce que hierve en verano, el único pintado de rojo por debajo, y que representa un peligro para quienes lo abordan rápidamente; el único que, contando con la tecnología suficiente, no admitió a minusválidos o gente con equipajes pesados. El único que con lluvia o nieve transforma su pavimento en un arma mortal.
Postdata: Estos regalos sin duda se devuelven. Son trofeos, banderas puestas en ciudades que embellecen currículos y equipan el ego.
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Posteado por: Carlos Fernández Lores 17/07/2010 13:09 [ N° 1 ] |
Felipe: Aca tambien nos trataron de regalar una estatua del Papa Juan Pablo II de 13 metros de alto... y todo para hacerle propaganda una universidad... y convertir una plaza con arboles en estacionamiento subterráneo y locales comerciales... Otro caballo de Troya que por suerte no dejamos entrar a la ciudad. |
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Posteado por: Carlos Fernández Lores 17/07/2010 14:34 [ N° 2 ] |
Y ademas tenemos el regalito de Boza... El Mapocho navegable... |
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Posteado por: Emilio José Becker Orellana 17/07/2010 17:22 [ N° 3 ] |
Debo reconocer que me sorprendió que finalmente alguien se atreviera a alzar la voz sobre este tipo de regalos, sobre todo cuando tienen altos costos de mantención y son poco útiles. |
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Posteado por: Hector Andres Balut Vaccaro 25/07/2010 08:11 [ N° 4 ] |
Es la cruda realidad actual. Aunque es cierto que Sudamérica carece aún de este tipo de “regalos” (a excepción por supuesto de Brasilia), Europa esta llena de edificios que cambiaron fuertemente la imagen de ciudades para siempre. Lamentablemente y como menciona Felipe, solo se alcanza a leer de ellos ese egocentrismo del autor y sus ansias por inmortalizarse al estilo de un verdadero faraón. La culpa creo yo que es de todos nosotros. La cultura del marketing y las apariencias nos han llevado a creer que construir una obra de proporciones como estas en nuestras ciudades, nos entregaran más por la “marca” de los edificios que por sus cualidades espaciales y arquitectónicas. |
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