Felipe Assadi
Sábado 31 de Julio de 2010
La Santa Cruz


Felipe-Assadi.jpg

Felipe Assadi
Arquitecto
Director Escuela Arquitectura UNAB

La semana pasada pude haber sido demasiado duro con los entusiastas encargados de remozar espacios residuales. De hecho, luego me topé con una excepción que indica que no todo es tan mecánico y repetitivo. Hay asociaciones de ideas que llevan a diseños con algo más de trabajo que el sólo hecho de firmar una orden de compra para unos inertes juegos infantiles. Por ejemplo, en uno de los accesos a Santa Cruz se hizo una plaza triangular, limitada por el Tinguiririca, la Avenida Federico Errázuriz y la Avenida Errázuriz –notable coincidencia–.

¿Qué sería lo más acertado para coronar una plaza en Santa Cruz? Correcto: una cruz. Esa es la primera de las asociaciones que valida el hecho de no instalar juegos infantiles en un triángulo de límites poco accesibles. Luego viene el nombre de la plaza. ¿Cómo se podría llamar una plaza en Santa Cruz en cuyo centro se instala una cruz? Bien: Parque La Santa Cruz. La segunda asociación, muy sesuda y por cierto precisa, ya que integra el objeto con el nombre de la ciudad.

Santa-Cruz.jpg
Ilustración: Francisco Javier Olea


Luego viene la mejor de las asociaciones: Santa Cruz se visualiza como la ciudad central del valle de Colchagua, la base de la Ruta del Vino, la que congrega la mayor cantidad de actividades relacionadas a la producción vitivinícola de toda la zona. Entonces, ciudad, Santa Cruz, vino, barricas... bingo. La cruz se hace de barricas de vino. El proceso se cierra con esta instantánea y literal producción histórico–regional, como otras que hemos visto anteriormente, por ejemplo en “la región del cobre”, donde se instaló hace años un extraño robot pintado color cobre a un costado del acceso a Calama, o la escultura–torre hecha de maletas ubicada al interior del aeropuerto de Santiago, que por cierto fue lo único que no se cayó al interior del Terminal.

La Santa Cruz de barricas es en realidad una cruz de fierro tapizada con 17,5 barricas de madera, ya que sería imposible construirla con barriles en esta forma. No obstante, y más allá de la terrible asociación que tiene el objeto utilizado con el vino, habría sido interesante una estructura hecha con el material de las barricas –no con las barricas enteras– que fuese articulada en base a esa madera sin caer en su uso como revestimiento. He visto proyectos de estudiantes que han hecho intervenciones muy potentes reciclando las barricas en desuso.

Postdata: Los espacios residuales se siguen llenando de objetos igualmente residuales. Ya ni siquiera el arte cabe.

5 Comentarios publicados
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Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
01/08/2010 12:19
[ N° 1 ]

Celebro que la imagen de una plaza exprese la lógica sencilla y humilde de la gente de un pueblo y no un engreído estilismo importado.

Por un instante me pareció que el autor había comprendido que el diseño, la arquitectura y la vida, son mucho más que los estilos académicos aprendidos, con los que se pretende estandarizar el gusto.

Me agradó la descripción que al comienzo hizo de tan folclórica obra, que se sentía nacida de una lógica simple y directa. Lo imaginé celebrando abrazado a los orgullosos autores, aceptando que componer con otras reglas no necesariamente es “desafinar”. Reconociendo que la “estilización hacia los criterios de moda” no es el único acierto en diseño.

Habría preferido comparar la abstracción ilustrada con una fotografía no distorsionada del lugar comentado.


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Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
01/08/2010 12:56
[ N° 2 ]

El autor demuestra capacidad para comprender y explicar el sentir y las razones del diseñador popular.

Sólo le falta respetarlas en lugar de ironizar.

Transcribo separando las cualidades que comunican el mérito del lugar, de los toques que invierten el signo a un desprecio.

Cito las cualidades comunicadas:

- “¿Qué sería lo más acertado para coronar una plaza en Santa Cruz?

- “Correcto: una cruz.
“Esa es la primera de las asociaciones que valida el hecho de no instalar juegos infantiles en un triángulo de límites poco accesibles.

"Luego viene el nombre de la plaza.

- “¿Cómo se podría llamar una plaza en Santa Cruz en cuyo centro se instala una cruz?

- “Bien: Parque La Santa Cruz. La segunda asociación (…) por cierto precisa, ya que integra el objeto con el nombre de la ciudad.

“Luego viene la mejor de las asociaciones: Santa Cruz se visualiza como la ciudad central del valle de Colchagua, la base de la Ruta del Vino, la que congrega la mayor cantidad de actividades relacionadas a la producción vitivinícola de toda la zona. Entonces, ciudad, Santa Cruz, vino, barricas... (…). La cruz se hace de barricas de vino.”


He extraído de la cita el veneno engreído que cambia el signo:
“…muy sesuda…”
“…bingo…”

¡Cómo tan poco hace la diferencia entre ser un arquitecto positivo, que puede ver y destacar cualidades en las obras ajenas o ser un criticón que se asume dueño de la verdad en arquitectura!

No dudo que en ese lugar una obra proyectada por el colega Assadi, por sus alumnos o por mí, sería diferente. Sería probablemente otra obra de arte, con parámetros de una refinación diferente. Pero eso no es en desmedro de la obra que hoy existe, por espontánea o popular que sea.

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Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
01/08/2010 14:23
[ N° 3 ]


EL ENCANTO DE LO IMPERFECTO

Es ya habitual que en los programas juveniles de televisión las improvisaciones de aficionados al baile y al canto, no alcancen los niveles mínimos de perfección exigidos a los artistas profesionales, sin embargo, estos últimos suelen no superarlos en tele-audiencia.

¿Será que la disonancia y la imperfección es parte de la vida y aportan valores especiales?

¿Será que percibir el sabor de las imperfecciones humanas en los medios que tradicionalmente se han esmerado por comunicar la perfección, incentiva devolviendo la confianza y lo humano a los proyectos personales?

¿Será por ello que más atrae la curiosidad la caída de un gimnasta que su cumplimiento, el accidente que los logros esperados?

Algo tiene el error y el desperfecto que se acerca más a la naturalidad del vivir. El “gallíto” que sepultaría con críticas al tenor, es la sustancia que entretiene en el aficionado.


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Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
01/08/2010 14:26
[ N° 4 ]

¿Será por lo mismo que en arquitectura han aparecido muros inclinados, que parecen caerse y formas que ya no siguen fielmente a la “función” sino que se liberan a la “fantasía”? La búsqueda hacia el “deconstructivismo” consagra los absurdos que serían imperdonables en el modernismo clásico.

¿Modernismo clásico? ¡Que barbaridad digo uniendo opuestos!

Cierto, es un modo de llamar al funcionalismo y sus variaciones posteriores, para que se entienda que no es “la verdad única” en diseño y arquitectura, sino un estilo más, con virtudes y defectos, que por ser moda, no se lo percibe como tal. Asumirlo como ley definitiva de diseño distorsiona dando licencia para descalificar los esfuerzos diferentes de otros.

¿Cuántos verdaderos talentos en potencia de la arquitectura y el diseño se desprecian en las universidades con malas calificaciones, porque buscan expresarse con ideas propias que chocan con los criterios deformados como absolutos de algún profesor?

Varias veces debí en la universidad desde mi asignatura de apoyo devolver la confianza en sus propias condiciones e ideas a alumnos deprimidos por las ironías de profesores de taller que descalificaron arbitrariamente sus proyectos. Es claro que se basaban en antiguas ideas brillantes de los pioneros, que se suelen reiterar convertidas en dogmas inamovibles, como:

“Menos es mas”. Gran valor que degenerado en algunas expresiones minimalistas llevó por ejemplo a esconder los reales espesores de las mesas, dando la falsa ilusión de ser láminas de grosores imposibles.”

“La forma sigue a la función”. Sabia sentencia del funcionalismo, contra cuyo rigor se reaccionó primero con el post-modernismo, intentando reincorporar formas clásicas de la arquitectura; o posteriormente con el deconstructivismo, con un nuevo lema-dogma: “la forma sigue a la fantasía”.


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Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
01/08/2010 15:29
[ N° 5 ]

A propósito de cuadratura estilística:

En el programa televisivo City Tour, del reciente viernes y sábado, Federico Sánchez y compañía concentraron sus críticas en un edificio de diseño diferente de lo habitual. Su característica es que con metales de estructura y terminaciones, buscó abrir las formas llenas, semi cilíndricas de colores nítidos, hacia la transparencia de planos acristalados. Ello, mediante un paramento inclinado desde lo macizo de la tierra fértil, hacia la liviandad del cielo.

Toda una lectura poética de una arquitectura diferente, que por su materialidad y diseño destaca inconfundible. Es cierto que impacta el colorido audaz de una volumetría curiosa en la antigüedad gris y mohosa del barrio.

Pero esta lectura no fue interpretada así por el carismático comentarista urbano, que – ciego a lo que difiera de sus patrones - sólo vio en dicha obra unos “salchichones”; y fiel al dogma consagrado “menos es más” descalificó una búsqueda arquitectónica que tiene un sentido legible. Sólo que está en un idioma que no calza con la petrificación estilista derivada del modernismo funcionalista.

Hay una irracionalidad fanática desvirtuada desde la genialidad de los pioneros, que impulsa a rechazar etiquetando y mofándose de todo aquello que sea diferente de la cuadratura aprendida.

De esa obra se publicitó sólo la “fealdad” y contraste percibido por el simpático guía. Prudente sería escuchar las razones de su (o sus) autores.

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