
Arquitecto, Director Escuela Arquitectura UNAB
La calzada principal de Llico se ve limpia y, ciertamente, libre de polvo, excepto cuando las aguas del lago Vichuquén no logran traspasar la barrera que el pasado terremoto exageró en la costa, y producto de la inundación el barro nuevamente desborda sus calles hasta las puertas de las casas. Ahí, en medio de una vasta nada, y entre retroexcavadoras que mueven tierra de aquí para allá y viceversa, aparece un premonitorio modelo de paradero que sin duda desconcertó en su momento a todos aquellos que, acostumbrados a un diseño de infraestructura básico y sin gracia, vieron nacer un “vanguardista” refugio a la orilla del camino.
Celebro con aplausos el logro que obtuvo esta comuna al optar por algo que, aunque un tanto rebuscado, persigue una intención con el diseño. Ignoro cuál es ésa, pero de hecho la hay, y si logramos leer aunque sea entre líneas, existe una clara deconstrucción de una forma que ya conocíamos. Generar un quiebre en una estructura que debe ser sólida –ya que tiene como propósito protegernos– es una forma de dramatizar una situación.
En un contexto en el que todo lo que no se cayó el pasado 27 de febrero se descuadró, resulta fuerte la imagen de una estructura que por opción nació descuadrada.
No estuve aquí antes del terremoto, y no quise saber si esto se instaló antes o después. Lo importante es que se diseñó así, y su forma no es producto de ningún desastre sino de la imaginación de alguien que pensó que sería más interesante de este modo que de la manera habitual.
El paradero llamado “Cementerio” se apoya en una cruz caída que reposa a su vez en un muro inclinado. Todo esto desencadena un descuadre de la estructura que termina en una viga quebrada, y cuenta una historia que lamentablemente no le hace mucha gracia a sus ocupantes, cuyas propias casas todavía yacen en mal estado. Pero así son a veces los relatos que inventamos para darle cuerpo a los proyectos. Lo que aquí pareció interesante quizá lo fue sólo hasta que las edificaciones vecinas sufrieron una destrucción de verdad, que a la fecha no se ha logrado revertir.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 08/08/2010 20:11 [ N° 1 ] |
- ¿Por qué todo ha de seguir estos planos? - ¿Por qué la arquitectura ha de ser esclava evidente de la fuerza de gravedad y del plano perpendicular que la neutraliza? Cierto es que la vertical y la horizontal no son caprichos formales de los arquitectos de siempre, sino la respuesta lógica a una realidad en que dicha fuerza es una condicionante poderosa, pero eso no es una razón que excluya la búsqueda de formas que no evidencien tales ejes.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 08/08/2010 20:12 [ N° 2 ] |
No es el caso de otras obras en que los ángulos obedecen a una triangulación de los pilares, como un modo de responder a sismos y vientos; o cuando rasgos de ventanas poseen inclinaciones libres y quebradas mimetizándose con el crecimiento de troncos y ramas de árboles existentes.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 08/08/2010 20:15 [ N° 3 ] |
Celebro la crítica de esta semana, que siendo respetuosa por la creatividad ajena, alerta sobre una desventaja - en país sísmico – de soluciones que con su deliberado desorden formal logran inquietar produciendo sensación de inestabilidad. La gracia inquietante que pueden lograr en tiempos de normalidad, desaparece cuando hay edificios que logran tal expresión por un colapso estructural. Allí los ejes “ordenados” son el testimonio deseado de estabilidad y por ende, de seguridad para habitar. |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 09/08/2010 10:18 [ N° 4 ] |
A propósito de los aforismos que se disputan si “la forma sigue a la función” (funcionalismo) o “sigue a la fantasía” (deconstructivismo), cabe destacar que la forma arquitectónica tiene muchos factores a que obedecer como para enfilarla tras la función o la fantasía. Bien podría decir que: “LA FORMA SIGUE A LA LEY”. En efecto, en las ciudades la volumetría está regida por los planes reguladores, de tal modo que el proyecto de una casa o edificio está previamente condicionado por las exigencias que afectan a cada terreno. De este modo, en cada caso la forma comienza a definirse por limitantes tales como: - Antejardín mínimo, La sola consideración de estas exigencias en cada terreno define una volumetría factible, que muchas veces resulta tan restrictiva respecto de lo que se desea construir, que no queda más que aceptar que “la forma siga a la ley”. En tales casos, el aporte creativo de la forma arquitectónica se suele restringir a dar materialidad al volumen enmarcado por la ley urbana. Véase por ejemplo cómo la edificación en altura llegó a crisis estética con edificios terminados en punta (“lustrines”), cuya forma era consecuencia de la limitación de alturas mediante los planos inclinados imaginarios denominados “rasantes”. Hoy se ha flexibilizado con las excepciones que permite el estudio de sombras hacia los terrenos vecinos, así como impidiendo coronar los edificios con planos inclinados.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 09/08/2010 10:20 [ N° 5 ] |
Efectivamente. Con las rasantes, por ejemplo, las limitantes que imponen a los volúmenes obedecen a la necesidad funcional de garantizar el derecho de luz a los vecinos. Porque siendo la propiedad indefinida en la altura, lo factible de construir es recortado por la servidumbre de luz mencionada. - ¿Entonces al establecer rasantes, la ley sigue a la función? - También obedece a la fantasía formal de los planificadores, que definen mediante la ley (planes reguladores) la volumetría que imaginan para la ciudad futura. Es evidente que en arquitectura no hay una variable que siempre siga a otra, sino que todas se conjugan en su proporción según cada caso. Tanto la forma sigue a la función como a la inversa. ¿O no ocurre eso en las remodelaciones en que la distribución se adapta a la forma existente; o incluso cuando en una obra nueva lo proyectado se adapta a la volumetría y usos permitidos?
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 09/08/2010 10:21 [ N° 6 ] |
De uno u otro modo, el habitante decodifica la calidez del sentimiento que inspira la obra arquitectónica. Del mismo modo la percibe fría e inerte cuando carece de un sentido inspirador o sus logros se desvirtuaron en el proceso. |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 09/08/2010 10:49 [ N° 7 ] |
Si fue esa la inspiración, los pilares se encargan de anular el efecto. Imagino que con la audacia y los recursos con que ha contado el arquitecto y escultor español Santiago Calatrava, ese “vuelo” de la techumbre habría sido en doble voladizo, apoyado en el centro. |
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