
Desde que se aprobara la nueva ley de casinos en el año 2005, algunas ciudades de Chile fueron sorpresivamente “equipadas” con una infraestructura que traspira un olor que mezcla algo de parafernalia, algo de espectáculo y algo que pretende expresar lujo o riqueza. Para bien o para mal, y ya sea en forma aislada o bien supeditada a un equipamiento hotelero, la arquitectura del casino podría perfectamente convertirse en una categoría propia. Y su cualidad reconocible sería precisamente aquella capacidad de hacerse notar. Una cuestión bien curiosa si se piensa que la arquitectura, cuanto más silenciosa, más bella nos parece.
Es imposible no advertir, por ejemplo, al costado del paso de Angostura, la enorme edificación del casino cuya escala parece no caber ni siquiera agregándole los terrenos vecinos. El caso de Calama, que es sin duda uno de los edificios mejor construidos de la ciudad, parece haberse llevado toda la riqueza de la región. Quizá ahí sucede un efecto de contraste. Algo parecido sucede en Talca, aunque con una arquitectura mucho más sensata en su exterior, que elimina la retórica estética del lujo –en su versión más pedestre– para reemplazarla por un lujo espacial, una buena propuesta de materiales y un volumen que parece haberle ganado hartas batallas al “estilo casino”.
Otras ciudades más australes, como Valdivia y Punta Arenas han transformado incluso su skyline con este nuevo equipamiento. En ambos centros urbanos el casino o bien los hoteles que los contienen, son ahora los elementos más altos de estas ciudades. La arquitectura del “lujo”, la arquitectura de lo grandioso, se hace aquí mucho más invasiva, si se entiende que éstas son las primeras “torres” de las ciudades.
El caso de Santa Cruz, de los que he podido ver, es sin duda el menos escandaloso. Cambió el dorado y el vidrio espejo de sus pares por algo que podría parecer regional, aunque sabemos que está lejos de serlo.
PD: En fin, más allá de los materiales, el casino en general pareciera querer ser el niño rico del barrio. Y ciertamente lo logra, si se considera que la ley de concesiones no permite casinos en Santiago, sólo puede haber 24 de ellos en Chile y sólo se permite tres por región con una distancia mínima de 70 kilómetros entre ellos.
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 09/10/2010 11:53 [ N° 1 ] |
Alguien definió “capital” como “trabajo ahorrado”. Sin embargo, en la práctica, se ha transformado en medios especulativos que trasvasijan el reconocimiento y poder de canje por lo trabajado, en adoración por quienes acumulan esos “certificados de haber trabajado” que es el dinero, sin escrúpulo alguno por el modo en que se ha obtenido. La ostentación del que acumula se transforma en objetivo iluso del desposeído; y quien poco tiene es atraído a arriesgarlo ante la posibilidad remota del azar. La arquitectura impactante de los casinos es reflejo del trabajo acumulado por succión, desde quienes habitan las carencias de sus trabajos subvaluados por la especulación. Así, los casinos son templos al fruto del trabajo, en que se adora como equivalente a su representante teórico o ídolo: el dinero.
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Posteado por: Alfredo Salas Altamirano 10/10/2010 03:26 [ N° 2 ] |
gran aporte este comentario......... |
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Posteado por: Edmundo J. Rojas Retamal 10/10/2010 10:06 [ N° 3 ] |
Dime cuántos casinos se construyen y te diré cómo vas degradándote, Chile. Ayúdade así al cultivo de la mala leche, el resentimiento, el "desclase", la ridiculez; todo conducente al llanto. No hay risa aquí, aunque lleven "humoristas" o se promocionen con actores que posan de "progre". Peor, muchos de los asistentes se golpean el pecho. |
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