
Confieso que me dio un gusto tremendo haber visitado Cerro Castillo esta semana. Es como si a uno lo remontaran al inicio de las ciudades, cuando todo era precario y la forma futura del pueblo, aún incipiente en su diseño, ni siquiera se sospechara. Inserto en la comuna de Torres del Paine, Cerro Castillo juega su juego propio, como si supiera que su lejanía es una oportunidad más que una dolencia. Y eso, en un país como el nuestro, es casi heroico.
Digo lo anterior ya que este poblado podría haberse mantenido como un reducto de Puerto Natales: una zona intermedia entre la ciudad base del turismo patagónico y su foco de atención más potente, el Parque Nacional Torres del Paine. En cambio, supongo que visualiza un futuro lleno de bondades, y comienza haciendo bien lo que más importa: invierte en su espacio público y rehace su plaza principal de un modo impecable. Teniendo en cuenta el implacable viento de la zona –que por cierto inhabilita la mayoría de los espacios públicos– la plaza se arma mediante cuatro grandes taludes que se inclinan hacia el centro, dejando en el interior de la manzana un espacio que, si bien tapa el contexto inmediato, genera una exquisita relación con el cielo, uno de los más limpios y azules que he visto en Chile. El remanso logrado por esta especie de mastaba de piedra perfectamente bien construida es producto de una plaza cuya única lógica pareciera provenir de una condición climática. Y aunque retoma las diagonales de toda plaza de armas, produce un vacío que nos saca del contexto urbano y nos transfiere por unos momentos al interior de una fortaleza de montaña.
El Decorador Municipal que recorre el país haciendo de las suyas no le metió mano a esta plaza. Por suerte. Quien la hizo tuvo de hecho la sensibilidad de poner los árboles en su justa medida e incluso las protecciones provisorias a estos le aportan al diseño del lugar. Buenas luminarias y bien situadas también dan cuenta de que el proyecto escapó de las manos del temido DM.
El concepto de plaza hundida, esta vez sobre nivel, genera una tipología digna de repetir en estas zonas hiperventiladas.
Postdata: Nunca perdí la esperanza.
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Posteado por: CESAR CHAVEZ F. 06/12/2010 08:59 [ N° 1 ] |
Este proyecto se remonta al año 2002. Se trató de un estudio de ingeniería para varias calles de la localidad de Cerro Castillo y parte del encargo fue desarrollar el diseño de algunos espacios públicos como las plazas. |
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Posteado por: Felipe Assadi Figueroa 06/12/2010 21:36 [ N° 2 ] |
Cesar, a veces basta con que las buenas ideas se lleven a cabo, sin importar el nombre que le pongan los operadores... saludos, |
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Posteado por: CESAR CHAVEZ F. 08/12/2010 10:39 [ N° 3 ] |
Gracias otra vez. cchavez@frowardarquitectos.cl taller@frowardarquitectos.cl |
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Posteado por: gloria ramirez berrios 31/12/2010 18:17 [ N° 4 ] |
Felipe, me siento emocionada con tus comentarios porque inicialmente el proyecto era de ingeniería y tenía el propósito de diseñar la pavimentación mínima de la localidad (aceras, soleras y zarpas), era un programa del MINVU para todas las cabezas de comunas rurales, obviamente cuando conoces un poblado como ese te das cuenta que la idea era absolutamente disonante con lo que necesitaba ese maravilloso lugar y como dice César que fue parte del equipo consultor, se trabajó con más corazón y sensibilidad que recursos. Gracias por tus comentarios, fue así, el diseño y la ejecución fue muy sensible al contexto. (PD. Estuve como funcionaria pública a cargo de ese proyecto). |
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