
Durante la década de los ochenta, tan de moda por esto días, surgió la llamada arquitectura bioclimática. Ésta consistía, fundamentalmente, en “agregar” una serie de sistemas de captación de energía pasiva al “objeto arquitectónico”. Algunos de ellos muy tecnológicos para la época, tales como calefactores solares, placas fotovoltaicas, y otros más tradicionales, tomados la mayoría de las veces de la arquitectura vernácula, como el muro “Trombe”, los invernaderos, los conos "Venturi",la ventilación por convección y la cruzada, los aleros, etcétera.
En fin, no se trata de hacer aquí un catálogo, porque, además de fome, no soy un experto en bioclimatismo, pero lo que me importa dejar establecido es que la mayoría de lo que hoy llamamos “arquitectura sustentable” no pasa de ser un diseño que a reabierto la discusión respecto de la captación y administración de la energía, y ahora también, de los deshechos en la obra arquitectónica.
El punto es que, ya la arquitectura bioclimática perdió fuerza y adeptos por no incorporar, en el buen sentido, los mecanismos y aparatos al diseño del objeto arquitectónico como tal. Es decir, se le "pegoteaban" aparatos y sistemas, ¡¡¡terminando por obtener algo mas parecido a la polola de Frankenstein que a una vivienda unifamiliar!!!
Pues bien, aclarado lo anterior, "vamos al hueso" —dijo el traumatólogo—.
Partamos de la base que, hoy por hoy, nadie niega ni resta valor, a cualquier maniobra que pretenda cuidar el medio ambiente... y entonces, cualquier asunto ligado a esto es percibido positivamente, como valor o atributo de marcas y productos. Siendo también el caso de los "productos" inmobiliarios, los que anuncian beneficios y ahorros para sus ocupantes y el planeta en general.
Pero tampoco podemos irnos al otro extremo, en donde nos deja de importar la sustancia, y solo nos conmueve la apariencia. Y eso es lo que siento que esta ocurriendo por estos días con el uso indiscriminado de los llamados "muros verdes", en donde vemos, con cierto temor, que lo "sustentable" se transforma cada vez más en una moda...y como dijera por ahí un "grande" del diseño:”la moda es aquello que pasa de moda”...
Y basta ver como hoteles y centros comerciales hacen leña de este árbol, con tratamientos verdes que no están asumidos en su real magnitud de diseño, sino solo como una decoración ornamental de la fachada. Como una cara bonita, pero sin un compromiso real con el problema de fondo... ¡¡¡la sustentabilidad!!!
Y los buenos ejemplos sobran. Basta ver la obra de Enrique Brown (premio nacional de arquitectura 2010), con sus casas y edificios, entre los cuales se cuenta el "famoso" Consorcio, en avenida El Bosque con Tobalaba; o el flamante edificio de la Interoceánica de Alex Brahms y David Bonomi en Santa María de Manquehue; o la Biblioteca Central y Centro de Extensión de la Universidad Diego Portales (Mathias Klotz, que antes de terminarse ya a recibido premios como el "Greene good design 2010"; o por último, darse una vuelta por cualquier casa patronal del valle central, de esas de adobe y teja, para caer en la cuenta de que es posible hacer buen diseño sin necesidad de tanta parafernalia pirotécnica, sino, mas bien, observando y operando desde el sentido común, que sigue siendo la mejor de todas las herramientas de diseño...¡¡¡barata, simple y elegante!!!
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Posteado por: Juan Almarza Anwandter 18/02/2011 10:29 [ N° 1 ] |
Me extraña que no hayan comentarios a esta columna. El contenido es muy pertinente y acertado...completamente de acuerdo. |
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Posteado por: Sergio Eduardo Meza Concha 03/04/2011 07:40 [ N° 2 ] |
Con sentido común es sencillo proyectar bioclimáticamente. Adhiero a todo lo que comentas en este post... |
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Posteado por: Fabian Jander 07/04/2011 01:17 [ N° 3 ] |
una propuesta: |
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