
Felipe Assadi
Arquitecto
Decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño
Universidad Finis Terrae
Ayer por la tarde un grupo de personas subió, casi sin darse cuenta, a la cima del muro que encierra el casco histórico de Cartagena de Indias. El centro histórico de la ciudad colombiana, pieza clave en la historia de este país, excede sus márgenes diariamente utilizando su límite como un borde con contenido. Porque cada día la gente no sólo recorre su perímetro sino que lo utiliza como lugar de reunión.
Con el debido respeto que el patrimonio arquitectónico exige, turistas y locales se toman las antiguas fortalezas convirtiéndolas en plazas. Algunos tramos, los más anchos, han sido concesionados a bares y restoranes, estableciendo como norma que el murallón que otrora resguardaba a la ciudad no es solamente un pretexto turístico para sacarse la foto, sino una extensión del espacio público, espacio que a ratos colapsa por su propia condición de encierro que busca en sus bordes una ocupación temporal del margen.
Y digo sin darse cuenta ya que al muro, casi en la mayoría de sus "accesos", se asciende por una rampa que pasa casi inadvertida, de modo que es el mismo suelo el que se despliega para convertirse paulatinamente en un recorrido elevado que, con la misma calma, se transforma en un espesor habitable.
Una vez arriba, aparece no sólo el mar que había estado ausente para quienes merodean al interior del ghetto, sino el perfil de la ciudad entera, que expone de manera magistral uno de los capítulos más significativos de la historia colonial española.
La ciudad, la quinta más poblada del país y probablemente uno de los dos centros urbanos más importantes del Caribe, concentra en este anillo de piedra una parte importante del espacio público de la zona amurallada. Sobre las plataformas, mezcla de una arquitectura militar que data de 1533 con intervenciones bastante primitivas pero sensatas, se realizan desde eventos y fiestas hasta manifestaciones de arte.
Postdata: Cero sofisticación. Sólo conciencia de que se tiene entre manos una parte del Patrimonio de la Humanidad, razón suficiente para preservar estos muros con el máximo cuidado.
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Posteado por: Claudia Elfeldt Z. 24/07/2011 10:51 [ N° 1 ] |
Podríamos hacer algo similar en el Mapocho, tal vez? un largo tramo para caminar y disfrutar de un espacio cultural. |
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Posteado por: Gustavo Munizaga Vigil 26/07/2011 20:37 [ N° 2 ] |
Felipe; cito tu hermoso texto que da origen a mi comentario."una vez arriba aparece no sólo el mar que habia estado ausente para quienes merodean al interior del ghetto, sino el perfil de la ciudad entera que expone de manera magistral uno de los capítulos más significativos de la historia colonial española".Es un trozo perfecto para realzar tu experiencia de Cartagena que concentraba en ese anillo de piedra una parte del espacio público de la zona enmurallada. Me hace recordar otro puerto "principal", nuestro Valparaiso, con su todavia incierto cerro Cárcel y destacas el valor inmenso del saber reconocer estos lugares mágicos, en que pareciera estar detenida y conservada la experiencia más profunda de la vida urbana y con ella nuestra memoria.Tu texto invita y reconoce "lo que aparece, lo que había estado ausente,el interior y el perfil de la ciudad entera", y aqui aparece para todos, ese necesario recorrido que el ojo educado de una comunidad la anima a respetarse y a vivirse en el teatro de la historia y en el presente de sus espacios reconocidos y dignificados por una acción edilicia pública y social.Gracias por esta pincelada de arquitecto. |
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