
Felipe Assadi
Arquitecto
Decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño
Universidad Finis Terrae
Hace un par de meses asistí a la asamblea de copropietarios de un edificio de departamentos ubicado en un lugar estratégico para las telecomunicaciones. Resulta que era el único lugar en su barrio en el que estaba faltando una antena de celular. Como complemento a la antena–crucifijo de la iglesia de la esquina, y a la antena–palmera de la plaza del lugar, la azotea de este inmueble era codiciada por la empresa para ampliar la cobertura de su servicio.
Luego de una larga aunque poco docta perorata acerca de los daños versus los beneficios de vivir en una antena, los técnicos de la empresa compararon las emisiones de su aparato con las de un horno microondas y otros objetos domésticos que emiten radiaciones, según ellos, cientos de veces más fuertes que estas antenas.
Por un arriendo aparentemente bien sabroso para los propietarios, pero mucho más conveniente para la empresa, la idea fue aprobada.
Entre todas las características de la instalación, resulta que la antena no se ve. La altura del edificio le permite pasar inadvertida. Por lo tanto, no sólo nuestro edificio puede ser una antena, también pueden serlo los edificios vecinos.
Volvamos a las explicaciones de los técnicos. Dijeron que la antena no emite más radiación que el teléfono que llevamos en el bolsillo. Lo que no recuerdo es si se refirieron o no a si esto es igual a mantener el celular encendido y pegado a la oreja de forma permanente. Otro de los argumentos fue que, si bien se sabe de la baja frecuencia, no se ha comprobado que ésta sea nociva. Entiendo entones que, científicamente, mientras no se compruebe la hipótesis, el daño no existe. Al menos no para los vecinos de los pisos inferiores.
Si bien esto parece una tecnología nueva, que además, rebajaría los gastos comunes a los propietarios en no más del 10%, antes que el edificio antena existió el edificio microondas, que usaba antenas convencionales. De estos últimos está lleno, sobre todo el centro de Santiago. En algunos la radiación es tan fuerte que ni siquiera se puede hablar por celular en los inmuebles de enfrente a las antenas.
Mucho se discutía hace unos años de regular las distancias de las antenas para prevenir riesgos de emisiones, especialmente en sectores sensibles, como hospitales, colegios, jardines infantiles y zonas residenciales. Poco de eso se habla ahora.
Postdata: Y nada se dice de vivir en una antena. Mucho menos de vivir en un microondas.
|
Posteado por: cristina Vildósola cincinnati 16/09/2011 11:30 [ N° 1 ] |
Felipe es primera vez que leo una columna tuya, buena pero mis pensamientos están para decirte que eres estupendo!!!! Qué gusto dá leer cosas entretenidas e interesantes de mano de un hombre tan inteligente y guapo. Te deseo mucha suerte en todo lo que emprendas junto a tu familia y amigos. Espero algún día poder conocerte en persona. Chao, guapooooooo!!!!! |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |