
Director de la Escuela de Arquitectura UDP
Benjamín Disraeli, el político inglés del siglo XIX, decía que “no somos creaturas de las circunstancias sino creadores de circunstancias”. La reciente polémica alrededor del boom de los autos en Santiago se trata exactamente de eso (El Mercurio, 13 de Noviembre). El Texas Transportation Institute publica periódicamente un ranking de las ciudades más congestionadas de EEUU. Los Ángeles ocupa siempre uno de los peores puestos. ¿Ha estado alguna vez en un taco en Los Ángeles? Le puedo decir por experiencia propia que es un infierno. Si sabemos dónde va a parar la tendencia al aumento del automóvil por número de habitantes, ¿por qué no hacemos lo que sea necesario para impedirlo? Básicamente, porque no creemos que Disraeli tenga razón.
Hay una cierta convicción de que la congestión en aumento es inevitable, un mal de los tiempos modernos, e incluso, un signo de crecimiento económico. Como si no fuera en realidad el desastre para la calidad de vida que es. ¿Leyó usted en el reportaje de El Mercurio que en Sao Paulo los automovilistas tienen reuniones y ven películas durante los tacos? Para interiorizarse en el tema, empiece por la Paradoja de Braess (la apertura de una nueva autopista termina alargando el tiempo de viaje para todos los conductores), o la paradoja de Mogridge (cuando se construye infraestructura para el auto, el número de usuarios del transporte público disminuye y el de automovilistas aumenta, creciendo los tiempos de viaje para todos). Ambas paradojas tienen detractores, pero en la práctica explican por qué Santiago, cuyo parque automotriz ha crecido en tres años un 21,8%, el tiempo de viaje ha aumentado un 8,7% en ese período.
Juan de Dios Ortúzar, en su artículo “El Garrote o la Zanahoria”, recuerda que “en Santiago nos quejamos amargamente si debemos circular a una velocidad reducida o si ocasionalmente no alcanzamos a pasar un semáforo al segundo intento, pero nunca hemos experimentado los niveles de congestión existentes en las grandes urbes de los países desarrollados”. Pero nuestra tasa de motorización está en aumento, y la cosa no hará sino empeorar.
En ese mismo artículo, Ortúzar evalúa las tres alternativas posibles para resolver el problema: reducir el flujo (haciendo que algunos automovilistas cambien modo, hora o ruta), aumentar la capacidad de las vías (la solución del “hombre de la calle”, como él la llama), o mejorar la gestión de la red (nudos viales, la solución favorita de alcaldes porque implica cortar cintas). De acuerdo a lo que plantea, la única verdaderamente viable de las tres es la primera, y para ello se necesita una política de “garrote” (hacer que todos los automovilistas cuyas decisiones perjudiquen el funcionamiento del sistema paguen por ello) y “zanahoria” (un mejoramiento de la calidad y de los beneficios de utilizar transporte sustentable, no contaminante).
La otra posibilidad es pensar que Disraeli se equivocaba, y que no nos queda más que aceptar el caos que se viene. Y terminar viviendo en una ciudad que se parecerá, en un futuro, al taco infinito de “Autopista del Sur”, el cuento de Cortázar: “….poder sentir de verdad que la columna se estaba moviendo aunque fuera apenas, aunque hubiera que detenerse y arrancar y bruscamente clavar el freno y no salir nunca de la primera velocidad, del desencanto insultante de pasar una vez más de la primera al punto muerto, freno de pie, freno de mano, stop, y así otra vez y otra vez y otra”.
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Posteado por: Claudia Elfeldt Z. 19/11/2011 13:01 [ N° 1 ] |
Algo está al revés, no? |
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Posteado por: Felipe Ignacio Oliva Valenzuela 20/11/2011 06:01 [ N° 2 ] |
Es tipico: si aumentan la capacidad de una avenida, todos van a querer usarla porque piensan que va a estar mas descongestionada, y por eso pasa lo contrario. |
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Posteado por: Angelica Miranda Arzola 20/11/2011 13:27 [ N° 3 ] |
Primero que todo es inevitable que comience una exploxión del automóvil, cada vez más están habiendo adquisiciones; lo que dice Disraelí es muy cierto "somos creadores de las circunstancias", el hecho de que mucha gente viva y trabaje en providencia y aún así usa el auto para trasladarse, ahí hay un serio problema de conciencia, la gente que vive lejos de du trabajo es la que debería usar el auto para transportarse, y la gente que vive medianamente cerca de su trabajo debería transportarse en bicicleta, cada vez más se está usando este medio, creo que nos falta muchísimo para llegar a tener un pensamiento así, personalmente no condusco, pero si tuviera auto primero obvio que lo ocuparía pero ¡porque vivo lejos!, y aún así cuando tuviera sólo una urgencia lo ocuparía porque igual es le veo lo positivo al sistema de transportes que a pesar de que es malo para muchos, para mi es bueno, pasa en la esquina de mi casa, y si es necesario trasnportarme asi, si fuera posible andar en bicicleta, lo haría encantada. |
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Posteado por: Geraldine Herrmann Lunecke 20/11/2011 14:36 [ N° 4 ] |
Claramente necesitamos en Santiago una política de fomento al transporte público. |
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Posteado por: Leonor Tapia Heyermann 23/11/2011 09:41 [ N° 5 ] |
Personalmente hace bastante tiempo, por decisión familiar, aprovechando que aún no tenemos hijos y somos dos en la casa, dejamos el auto y lo cambiamos por transporte público. La decisión la tomamos en base a que el gasto del auto era excesivo, llegábamos siempre tarde a todo y además el mal rato generaba andar por lo menos una hora más con mal genio. Llegué a comprobar que de hecho me demoraba casi una hora y media para trayectos que en metro y luego a pie hacía en menos de cuarenta minutos. Tal vez yo tenga la suerte de tener un metro medianamente cerca, pero me parece que para la mayoría de las personas que se encuentran cerca de los principales metros y que trabajan en el centro, providencia o otros puntos de llegada de las líneas, esta es la manera más eficiente de moverse. |
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Posteado por: Alain Poblete Cerda 24/11/2011 14:52 [ N° 6 ] |
Efectivamente, somos creadores de las circunstancias que nos rodean y constituyen; y no meras víctimas pasivas de ellas. Es cierto que el crecimiento urbano y desarrollo de la economía de mercado hoy dominante, condicionan en gran medida nuestra relación entre nosotros a nivel de comunidad -como también nuestra interacción con el medioambiente. Y justamente, una consecuencia de esto son los embotellamientos eternos, la alta tasa de accidentes de tránsito, contaminación ambiental a destajo, como también altos niveles de violencia urbana, irritabilidad y stress. No obstante lo anterior, estimo que el carácter de 'consecuencias' que poseen estas situaciones, en modo alguno debiese incitarnos -como sociedad- a aceptarlas lisa y llanamente, a convertirse en mero observadores de este desastre, y por tanto no tomar una posición más activa al respecto. No queremos terminar como las grandes urbes con una caótica viabilidad y altísima congestión vehicular (Ciudad de México, São Paulo, entre otros), y por otro lado, sabemos que ese será -a un corto o mediano plazo- nuestro fatal destino. ¿Por qué no hacer algo antes de que ello suceda? Yo creo que -aparte de una falta de voluntad política importante- se debe a que realmente "no se sabe qué hacer"; o más bien, "cómo hacerlo". Me parece que los chilenos -los santiaguinos, en particular- sufrimos una gran decepción respecto al sistema de transporte público, con la otra implementación del Transantiago. Sin embargo, creo que tal decepción no puede convertirse en resignación y conformismo, puesto que el sistema en sí es mejorable, y tal perfeccionamiento es clave al momento de hablar de una mejora en los problemas de congestión vehicular que nos achacan hoy. Debe ponerse énfasis en el transporte público: es cierto que un auto es en promedio 2,5 veces más pequeño que un bus, no obstante, el primero traslada en promedio 1,25 pasajeros. ¿Un bus? 40 pasajeros. Realizando los cálculos pertinentes, resulta ser el bus 12 veces más eficiente en términos de uso del espacio vial que un automóvil. Creo que este dato es más que sugerente. |
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Posteado por: Alain Poblete Cerda 24/11/2011 14:52 [ N° 7 ] |
La política del "garrote y la zanahoria" me parece interesante, en realidad es una reestructuración de la teoría que habla del sistema de incentivos y castigos. Ésta puede funcionar, sin embargo, creo que habrá que ser muy selectivos a la hora de escoger qué será el garrote, y qué será la zanahoria. Pues este sistema tendrá -como todo- consecuencias, consecuencias con las que tendremos que lidiar. |
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Posteado por: Camila Francisca Becerra Becerra Donoso 26/11/2011 02:07 [ N° 8 ] |
Creo que el problema de trasfondo es el transporte público, si mejorara este no sería necesario tener que ocupar tanto el automóvil. Pero en vista de que tenemos un transporte público terrible y caro, no hay ciclo vías suficientes para poder andar por Santiago ya que además es peligroso. Entonces como no va a ser tentadora una autopista en la que vas en la comodidad de tu auto y es una alternativa “expedita”. |
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