Antonio Martínez
Viernes 09 de Mayo de 2008
Deporte de salón: "Juego de poder"

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El congresista Charlie Wilson (Tom Hanks) retoza en un jacuzzi colectivo en lo alto de un edificio en Las Vegas, hay mujeres desnudas, whisky en abundancia y también droga, pero lo que le llama la atención es una TV encendida a lo lejos, donde aparecen noticias del lejano Afganistán, que ya sufre la invasión soviética. Es 1980, Ronald Reagan está por ser electo Presidente de Estados Unidos y Wilson, que es miembro del Comité de Defensa, por olfato o capricho decide doblar la ayuda de su país a Afganistán, de cinco a 10 millones de dólares. "Juego de poder" es la historia de este representante de Texas que tiene el apoyo de los ricachones y de su reina, Joanne Herring (Julia Roberts), millonaria, amante del congresista y anticomunista convencida.

Y lo que cuenta el director Mike Nichols es una paradoja de la política: cómo un hombre venal, incombustible y vividor, fue el que encabezó la ayuda para Afganistán, con víveres, armas y el apoyo decidido de la CIA, cuyo agente Gust Avrakotos (Philip Seymour Hoffman) es justo lo que necesitaba Wilson: dos hombres que se entienden sin palabras, porque ambos asumen que las mejores alfombras son las gruesas y grandes que lo cubren todo. Nichols es un director veterano y siempre irregular, que así como filma "La jaula de las locas" (1996) o "¿De qué planeta vienes?" (2000), se recupera ampliamente con "Secretaria ejecutiva" (1988) o "Closer" (2004).

Aunque el antecedente más directo en su filmografía es "Colores primarios" (1998), una comedia fallida sobre las campañas presidenciales, con Bill Clinton en el patio trasero.

"Juego de poder" tiene dosis de cinismo y humor, algo de drama y muy poco de espionaje, pero lo que más tiene es inteligencia y probablemente demasiada, porque todas las frases de los personajes deben ser ingeniosas y las definiciones precisas. Esto implica que los diálogos exhiben un valor agregado, pero siempre un poco a la fuerza, donde los que no son sagaces, pasan por mordaces y lo ideal es que sean ambas cosas. A la película se le nota demasiado el esfuerzo por parecer incisiva, y en algún punto, todo lo anterior se vuelve en su contra y lo que queda es un producto artificial, un ejercicio de laboratorio y más bien la fachada de una sátira política, cuya mordiente y acidez es menor de lo que parece.

Es decir, no teme ser dura e implacable con los pilotos rusos de un helicóptero y con un grupo de torpes afganos que no saben maniobrar un misil de última generación. En estos casos, unos son vulgares y los otros, estúpidos. Con el resto del mundo, es decir con los personajes de Washington D.C., es cínica, pero comprensiva y una sátira de uñas romas y colmillos limados. Lo que sostiene a la película, finalmente, es el oficio de la industria, unas actuaciones muy correctas y el encanto sin riesgo de los juegos de salón.


"Charlie Wilson’s war". EE.UU., 2007. Director: Mike Nichols. Reparto: Tom Hanks, Philip Seymour Hoffman, Julia Roberts, Amy Adams. 100 minutos.

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