Desde "Cirugía de cuerpo y alma" que las pantallas de Mega no mostraban liftings tan innecesarios como el de Zañartu, Espina y Canitrot en "Mandiola y Cía." Los personajes que Eduardo Ravani, Jorge Pedreros y Fernando Alarcón patentaron en "La Oficina" del "Jappening con Ja" son rescatados en esta "Oficina 2.0" en un ejercicio de abuso de fórmula conocida disfrazado de homenaje y reivindicación de vigencia de los talentos cómicos de mencionadas figuras. Y si bien en "Mandiola y Cía." Alarcón, Pedreros y Zañartu (en ese orden) siguen siendo cómicos, hay algo en este trasplante en el tiempo que no termina de cuajar. La operación parece innecesaria por lo mismo: talentos de la comedia antigua entrando en tensión con lo que —a ratos— parece tener lo necesario para ser buen producto de la nueva comedia televisiva chilena.
Canitrot, Espina y Zañartu son el pie forzado con el cual parte una comedia de situaciones que —aunque sin ellos no existiría— alcanza sus mejores momentos en los recursos del presente que en las obligaciones del pasado: es cosa de comparar el primer capítulo (una sitcom eficiente obligada a transar con sus pies forzados) con el segundo (monopolizado por la comedia física, con un resultado de dudosa gracia). La "nueva oficina" los presenta en un entorno actual —en el barrio ejecutivo de Santiago, "Sanhattan"—, y el marco en el que aparentemente se desarrollarán los conflictos tiene que ver con una lucha de poder entre Zañartu y el más joven yerno de Mandiola, interpretado por Jaime Omeñaca ("Casado con hijos", "Camera café"), un recién descubierto talento de las sitcom. En torno a ellos interactúan los mencionados personajes además de otros arquetipos "oficinescos" clásicos: el junior fiestero (Roberto Farías en el papel que en "La oficina" original ocupaba el irreemplazable Segundo Peña Peña), el canchero picarón (Marcial Tagle en una versión C3–tropical del papel que antes fue de "Cacho" Escalona), la secretaria–trofeo estético (Rocío Marengo en una versión blonda de la señorita Walkiria) y la oficinista fea que sí hace el trabajo (Carolina Paulsen, una actualización hormonalmente más inquieta de Gertrudis).
La comedia es timing y los guionistas de "Mandiola y Cía." (Francisco Bobadilla y Hernán Rodríguez) claramente lo saben. Hay momentos en que la serie —al menos lo mostrado en sus primeros capítulos— funciona como reloj, con diálogos rápidos y las transiciones efectivas. "Mandiola y Cía." tiene sus momentos, pero parece más una promesa de lo que "pudo ser" más que una serie cómica. Influye la opción de hacer que los personajes nuevos tengan en común una mezcla entre lo tropical y lo picaresco que poco tiene que ver con el setting (más elegante o al menos aspiracional) de "Sanhattan"; o que se ceda con tanta naturalidad a situaciones "mágicas" (Espina se devuelve en el aire luego de tirarse por la ventana; un peluquín tiene vida propia y propiedades transformadoras). Pero lo que menos funciona —hasta el momento— es la convivencia entre la comedia física clásica (sobre todo de Pedreros, el más facial de los tres antiguos) y la comedia de situaciones del entorno. La ingeniosa solución de trasladar esa lucha del pasado versus el presente como un conflicto eje de la serie, aunque inteligente, no la salva del pecado no —tan— original.
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Posteado por: Eva Luna 07/07/2008 14:16 [ N° 1 ] |
En cuanto, a mi parecer, la oficina desde sus inicios, ha tenido un cambio según el tiempo avanza, la calidad de los actores, se da en la práctica, en las vivencias y el observar el diario vivir, de los chilensis. Es realmente original, libretos basados, en vivencias, un gran esfuerzo hecho por estos grandes artistas, que han creado un mundo, donde diariamente nos vemos participando, “nuestros trabajos”.
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