Las historias desperdiciadas
Con el inicio de nuevas temporadas de los programas de reportajes insignia de los canales ("Informe especial", "Contacto", "Aquí en vivo" y "En la mira") las características del género, como se aplican en Chile, se hacen más fáciles de distinguir. Salta a la vista, por ejemplo, el desafío que enfrentan —provocar impacto y al mismo tiempo entregar contenidos de mayor trascendencia— y cómo cada uno de ellos opta por resolverlo. La elección es particularmente clara en el caso de "En la mira", un programa donde se pueden encontrar los elementos para hablar de un contenido de un valor más permanente, pero que decide empaquetar todo y presentarse al público privilegiando el impacto pasajero que sirva —como le ha servido— para tener éxito en sintonía. Es cierto, que entre ambos polos el producto siempre resulte ser una sábana corta —que por cubrir la cabeza destape los pies y viceversa— es parte del juego cuando se hace periodismo, pero hay casos en que cabe preguntarse qué tan necesario es extremar las opciones.
En concreto, "En la mira" ha presentado esta temporada temas cuya importancia y repercusión social es a veces inobjetable, con buen material visual, con buenas fuentes, personajes, situaciones; en resumen, todos los elementos necesarios para contar buenas historias. Pero en cada una de esas entregas ha desechado la oportunidad de contar una de esas historias en pos de subrayar —gritar— el impacto buscado. "Puente Asalto", por ejemplo, presentaba un problema real y una pregunta urgente (cómo se vive en la comuna más violenta de Chile), pero en la práctica se vio reducido a unas interminables secuencias de delincuentes amenazando, agrediendo o siendo apresados en operativos policiales, intercalado por algunas cifras entregadas por la conductora y entrevistas con autoridades, víctimas y testigos. "La mente de un psicópata" tenía la novedad de presentar una entrevista con un hombre imputado en la violación y asesinato de una mujer en Algarrobo; al contrario de lo prometido en el título, poco se hizo por tratar de entender cómo funciona la mente de ese u otro psicópata, pero sí se puso mucho énfasis en las sensacionales recreaciones del crimen. En "Prostitución Infantil" (en ese título no pensaron demasiado, al parecer) tenían historias y focos interesantes para abordar un problema que no por repetido es menos importante: el retorno a escena de los proxenetas involucrados en el caso Spiniak y los padres que consienten y se benefician de la explotación sexual de sus hijos. En la práctica, sin embargo, vimos un desfile de cámaras escondidas y operativos policiales, particularmente detallados cuando se trataba de entrar a la casa y revisar los cajones de los delincuentes pobres y particularmente vagos cuando se trata de los delincuentes de mayor poder adquisitivo ("gente ABC1", "gente de comunas del barrio alto"). Las conclusiones, igual de generales ("pudimos comprobar que los lugares donde se ejerce siguen siendo los mismos").
El éxito que la novedad de las cámaras en operativos policiales está teniendo en la televisión chilena llega con 20 años de atraso respecto del resto del mundo, algo que tiene más que ver con las políticas comunicacionales de las policías chilenas que con la evolución de la TV. Pero cuando un programa se viste y presenta como periodismo, uno podría exigir un poco más de responsabilidad. Si el impacto ya lo tienen asegurado con el tema, se apreciaría más dedicación en la narración de la historia.
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