Años atrás, cuando yo también tenía más tiempo, vi una cinta en el Goethe que nunca he podido volver a ver. El título en alemán era impronunciable; acá, donde nunca se estrenó oficialmente, la cinta de Wim Wenders se llamó "El transcurso del tiempo". Ya con ese título me conquistó. Quería verla. Era complicado por lo larga. Hasta que por fin la vi y fue como si alguien hubiera socavado con un cuchillo un pequeño túnel en mi cerebro. Era acerca de un proyeccionista que viaja a lo largo de la frontera de los dos Alemanias y quizás para acariciar y respetar su título la cinta duraba la eternidad de 175 minutos. Ando pensando mucho en el tiempo. Al parecer, la única manera de atraparlo es creando: nada captura–preserva el tiempo mejor que las imágenes. Pienso en el tiempo cinematográfico. ¿Qué es un corto, un largo? ¿Cuánto debe durar algo y si la duración es acaso lo que define y articula el tema que se va a tocar? Cada vez me queda más claro que cualquier historia se puede contar pero no toda historia puede durar lo mismo.
Hace poco vi una cinta mediocre llamada "Friday night lights", basada en un premiado libro acerca de un pueblo tejano que no hace otra cosa que preocuparse del equipo de fútbol de la secundaria. La cinta se me hizo eterna y no duraba más de 118 minutos. Connie Britton, una buena actriz, era la esposa del entrenador que, a lo más, lava platos. "Friday night lights" mutó en una serie, lleva dos temporadas, y es la obsesión de los intelectuales. Me dicen que es acerca de la moral de los "estados rojos" y sobre la vida en provincia. Es, me dicen, la mejor serie acerca de la lucha de clases y la necesidad de escapar.
Decido darle una chance y quedo impactado. Al rato capto por qué. La mujer del entrenador ya no sólo lava platos (y es la misma actriz). Ahora es la consejera en la secundaria y sabe cosas de los jugadores que su marido, el entrenador, no tiene idea. Y todo por un asunto de tiempo. Del transcurso de éste. "Friday night lights", la película, tuvo muy pocos minutos para contar mucho. Las dos temporadas suman 1.500 minutos. ¿Se imaginan una cinta de 2.200 minutos? Ahora con el tiempo a su favor, conozco a todos los jugadores y, la verdad, a todo el pueblo de Odessa, Texas. Esta serie, acerca de un tema que no me interesa nada, me interesa mucho. ¿Por qué? Porque parece una novela. Se toma su tiempo. Desarrolla sus motivos y personajes. El error no fue adaptar ese libro; el error fue creer que ese libro podía ser una película. En noviembre aparece la caja completa de "Los Sopranos" (30 discos y 4.988 minutos, es decir, más de 83 horas) ¿Quién vería algo de 83 horas? Nadie. Y sin embargo mucha gente la ha visto: de trozos de una hora o en maratones de 6 a 8 horas. Alguien me comenta que "Lola" o cualquier teleserie local dura más. Primero no es tan así. Con comerciales, un capítulo está más cercano a los 45 minutos. Pero sin duda que son muchas horas. La diferencia, más allá de la calidad, está en los resúmenes dominicales: en algo más de una hora, está todo lo que se necesita. La telenovela gana al comprimirse. "Dexter" o "Friday night lights" pasarían justamente a ser una teleserie si se resumieran. No funcionan con fast–forward. Las grandes novelas no caben en el "Reader´s Digest"; las malas, sí.
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Posteado por: manuel diaz carnot 09/07/2008 10:01 [ N° 1 ] |
¿Y dependerá también del momento del tiempo en que se miren? Trato de ver Terciopelo azul o Doble de cuerpo y a pesar de que me han impresionado Lynch y De Palma en otras cintas, su cine de principios de los 80 me parece lento y pesado, y además sobreactuado. Probablemente tenga que ver más con el ritmo que con el tiempo real de la cinta. Anyway. |
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