El hombre quieto
Esta película obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera, y aunque es un tema muchas veces visitado por el cine —salvajismo nazi, campos de concentración— la historia insinúa vuelos más densos, complejos y ambiguos. Los hechos ocurren en el campo de Sachsenhausen, donde fueron agrupados un centenar de judíos, expertos en las tareas de impresión, con la misión de falsificar millones de libras y luego dólares, para inundar y quebrar la economía de los países enemigos.
Esa fue la llamada Operación Bernhard y la historia se basa en esos hechos reales, según un libro escrito por una de las víctimas que sobrevivieron, Adolf Bugler, que además fue uno de los guionistas de la película. Sin embargo, no es el prisionero Bugler (August Dile) el protagonista, porque el centro de la película lo ocupa Solomon "Sally" Sorowitsch (Karl Markovics), un vividor que retoza entre el alcohol, las cartas y las prostitutas gracias a los billetes que falsifica.
Este hombre, un judío de origen ruso, es atrapado y enviado al campo de concentración y lo que primero lo salva, sin duda, son sus talentos de dibujante, pero también un carácter quieto y un rostro impenetrable, que no deja entrar los sentimientos ni tampoco las certezas.
Sally es un enigma desde el comienzo y un hombre de perfil pétreo que escucha y sabe lo que ocurre afuera del campo, porque a metros de sus celdas, que son más confortables, hay otros judíos a los que están despedazando.
La película alcanza sus mejores momentos en la cotidianidad de unos prisioneros privilegiados, porque cuando la vida propia está en juego todo es posible: escuchar música clásica lejos de los hornos crematorios, hacer chistes de judíos, usar la ropa y zapatos de los muertos, trabajar sin hacer preguntas inútiles y cumplir órdenes sin dudas ni cavilaciones.
Sally está muy distante de la actitud de Bugler, resistir y nunca convertirse en cómplice de la Operación Bernhard, aun a riesgo de su vida o la de sus compañeros.
Y escucha, también distante, las confesiones de Herzog (Devid Striesow), el oficial a cargo del campo, que le cuenta su pasado político y miedos futuros, porque quizás no lo considera su amigo, pero sí un viejo conocido y un prisionero cumplidor, eficiente y silencioso que le da confianza.
La película, en verdad, por momentos tiene más formalidad y corrección que intensidad y desolación, pero siempre la rescata ese protagonista insondable, ese judío que escondió su molde y sólo exhibe falsificaciones, que parten en los billetes, siguen por el coraje y terminan en las culpas.
"Die Fälscher"
Austria-Alemania, 2007. Director: Stefan Ruzowitzky. Con: Kart Markovics, August Dile, Devi Striesow, Martin Brambach. 98 minutos
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