Helado de estelar
Los estelares son probablemente programas que la televisión necesita y, a juzgar por el éxito de audiencia de "Estrellas en el hielo", la gente quiere. En una televisión cambiada para siempre con los realities, la "opinología" y la exposición sin recelo de la cadena alimenticia de la farándula, un estelar con trajes de gala, imagen pomposa y un par de animadores que sonríen más que Pepito TV (cuyo caso era una imitación burlesca, por supuesto) llega a restaurar esa ilusión de la televisión elegante, ese olimpo de gente especial y bonita que el pueblo se contenta con mirar y –un plus de la democracia celular del mensaje de texto– emitir su veredicto sobre quién se va y quién se queda. Funcionó en "El baile" y funciona en esta variación sobre hielo. En una pista y una escenografía cuidada, Rafael Araneda y Karen Doggenweiler (que además patinan, a veces a costa del buen gusto, como cuando él luce pantalones apretados y hasta arriba de la cintura) parecen en su elemento. No hay mejor lugar para la dupla más fría de la televisión chilena que una pista de hielo.
No obstante el encanto de la dignidad televisiva restaurada, lo que le da sabor al asunto es justamente el contraste con los elementos de la marca de nuestros tiempos: los concursantes–personajes capaces de salirse de madre (Pamela Díaz y Álvaro Ballero, principalmente) y los porrazos en los videos de los ensayos (y mejor aún si ocurren en la presentación en directo) contrastados con la solemnidad y la pretendida búsqueda de perfección estética son una mezcla hecha para el disfrute. Por lo mismo, se echa de menos el otro elemento de la fórmula: un juez que sea capaz de ser implacable y gracioso al mismo tiempo. Entre tanta felicitación por el esfuerzo, observación técnica y la cursilería robótica de Araneda seguida con el "backstage" de la igual de espontánea Doggenweiler, la parte donde los concursantes no están patinando o tratando de patinar es una tentadora invitación al zapping.
Por el contrario, cuando las "estrellas" efectivamente están en el hielo (y también cuando están en el suelo), el programa anda sobre ruedas. O sobre cuchillas, para ser precisos. Y en estos tiempos un programa donde los cuchillos se usan para patinar no puede ser mala televisión.
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