Por Antonio Martínez
Actor secundario
El diplomático sueco Harald Edelstam (1913-1989) fue el embajador de su país en el Chile de 1973 y su decisión de abrir las puertas de la delegación y dar refugio a los que huían probablemente salvó numerosas vidas en los días posteriores al golpe de Estado.
Los asilados fueron chilenos, uruguayos que rescató del Estadio Nacional y también los funcionarios de la embajada cubana que se habían enfrentado a tiros con las tropas militares, por lo que Edelstam, muy rápidamente, se convirtió en una de las figuras más odiosas e irritantes para el régimen castrense.
Para el exilio latinoamericano de esos años, en cambio, fue una leyenda que, a diferencia del resto de los diplomáticos, vulneró las normas de su oficio, por el bien mayor de dar refugio y ponerse junto al bando de los derrotados.
Esta coproducción de cierto presupuesto, que fue dirigida por una pareja de directores suecos, es un homenaje a Edelstam y se inicia un poco antes del golpe y culmina con su expulsión de Chile, después de ser declarado persona non grata por la junta de gobierno.
"El clavel negro", entonces, es un homenaje evidente e indudable; sin embargo, la historia logra hacerse sutil y compleja, gracias a la interpretación de Michael Nyqvist como el embajador. Un personaje parco y enigmático que es correo de los combatientes de izquierda para transportar panfletos o armas. Un hombre seducido por la UP, pero no por una razón única y clara, porque puede ser el discurso político, la simple aventura o quizás algo demasiado humano: las faldas, la piel morena y la convicción revolucionaria de una chilena en particular.
Nyqvist construye un personaje comprometido, pero también ausente, y desde esa franja surge alguien solitario, sin familia ni amigos, que busca desesperadamente raíces y causas por las cuales luchar, razones para querer a una mujer e incluso un motivo para vivir, probablemente.
La condición gris, ambigua y triste del personaje es lo que relega los prejuicios y lugares comunes de la película, donde lo más grueso es el embajador de Estados Unidos (Patrick Bergin) y la presencia del coronel Espinoza (Cristián Campos), en quien las tintas de la maldad están cargadas al máximo. Es probable que Edelstam haya abrazado con tanta fuerza y cariño la causa chilena porque coincidía con su pasado, su carácter y estado de ánimo. El protagonista, en consecuencia, era el hombre preciso en el lugar adecuado, aunque fuera un actor secundario en un lejano país. Un ciudadano sueco largo y flaco en un lugar llamado Chile, para compartir lo único posible a esas alturas: la agonía de la causa y el dolor de la derrota.
"Svarta Nejlikan". Suecia/Dinamarca/Finlandia/México, 2007. Director: Ulf Hultberg y Asa Faringer. Con: Michael Nyqvist, Kate del Castillo, Cristián Campos. 95 min. Mayores de 7.
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