
El largo viaje
Por Antonio Martínez
Un reportaje de la revista El Sábado del periodista y escritor Patricio Jara, fue el punto de partida de esta película a horcajadas entre el documental y la ficción.
En el texto aparecía la historia de la boliviana Alicia Esquivel, que en diciembre de 2004 cruzó un vasto territorio de desierto y cordillera a más de 4.000 metros de altura, y cubrió paso a paso la distancia de 180 kilómetros.
Fue un viaje entre el pueblo boliviano de Soniquera y el chileno de San Pedro de Atacama, que un par de años más tarde, la joven vuelve a repetir frente a una cámara y a un equipo de filmación, que intenta capturar la travesía con la menor intervención posible.
Es por eso que la protagonista no dice palabra alguna y ni ella ni nadie explican su origen y destino. "Alicia en el país" evita los nombres, los datos y la única información de la protagonista y el territorio sólo aparece al final y en un texto de cinco líneas sobre la pantalla.
Lo anterior tiene algo de paradoja, porque es una historia descubierta por el periodismo y el propio director Esteban Larraín es periodista, pero a la hora de elegir un registro narrativo, la opción elegida no fue la de un documental sobre pueblos perdidos y heroísmo cotidiano.
"Alicia en el país" es una historia casi muda y sin información. Una historia minimalista y despojada de guías y nombres, donde la mirada desnuda y ascética sobre Alicia recortada sobre su familia y ruta, es lo esencial y no hace falta saber nada más.
La cámara, entonces, filma la trenza de Alicia, también sus pies o bien su cintura y manos, porque ese andar implacable e incansable es el gran motor del relato.
Es la joven, pero también los sonidos que subrayan la inmensidad de la soledad y la dureza del silencio: las pisadas, el crepitar de una fogata, el ulular del viento, el trinar de los pájaros, un papel arrugándose, el cruce de un piño de llamas, el ruido al masticar, los graznidos de los flamencos.
Recién a los 28 minutos de película, se escuchan las primeras palabras en español, cuando un presentador en un pueblo de Bolivia, arenga a los niños que gritan por Bolívar y Sucre, cantan el himno nacional y se visten de fiesta.
Las pocas secuencias sin Alicia caminando —el acto patriótico, la visita a un cementerio, la clase de un profesor— algo dicen de la identidad del territorio, porque es gente que vive en el último rincón de la patria. La película se mantiene magra en la información, quizás porque teme convertirse en un documental y tampoco tiene vocación de denuncia. "Alicia en el país" pertenece al género chileno de películas contemplativas y de buena factura, cuyo propósito es filmar el mundo. Hay otros directores que además de filmarlo, quieren cambiarlo. Es una diferencia.
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