Lo mejor está en los platos criollos
Por Soledad Martínez
En mi última visita —hace en verdad más de cinco años— encontré una mayor evidencia del estilo italiano que uno puede suponer por el nombre del local, aunque reconocía entonces el interés del chef Juan Meza por promover auténticas recetas chilenas sin disimulos ni distorsiones. Ahora me pareció que, dentro de la necesaria amplitud que suele ser habitual en un restaurante hotelero, con algunos rasgos más mediterráneos, él se juega definitivamente por lo criollo. Hay numerosos platos típicos, en especial chilotes, y eso ya es un mérito, desde la panera que incluye pequeñas sopaipillas hasta cazuela a la campesina, sopa de mariscos Angelmó con milcao al ajillo y cilantro, "display" (?) de papas nativas y arrollado huaso con puré rústico y pebre, pero además reserva un sector de la carta para la comida liviana y "saludable". Lamento sí varias fallas que perjudicaron esta vez el nivel general en relación con el buen recuerdo que tenía.
Unos ostiones y machas en reducción de sauvignon blanc al tomillo, gratinados con queso cremoso ($8.700) traían abundante y sabrosa salsa líquida. De las sopas, probé una espesa mousseline con poco sabor a espárragos, láminas de almendras y dos trozos de focaccia menos crocante que lo anunciado ($5.000). Aunque la delicada carne del congrio frito estaba en perfecto punto de cocción y su acompañamiento —charquicán de cochayuyo con rico pebre de tomate servido aparte— reivindicaba con éxito nuestra buena cocina casera, la cubierta exterior del pescado era blanda y nada de crujiente ($9.500). El filete a la parrilla, de excelente calidad, venía tal como se pidió pero envuelto, más que en las finas hierbas prometidas, en exceso de pimienta, mientras el apenas regular risotto de morillas en salsa de merlot resultó ser de champiñones París ($11.500).
En los postres, resultaron recomendables el clery de durazno en copita y el uso de murtilla y mermelada de rosa mosqueta, pero la mousse de quínoa y la charlotte de mote con huesillos salían recién del congelador ($6.500). Vino chardonnay 2007 Céfiro, de Casablanca ($12.000).
Hotel Crowne Plaza
Alameda B. O’Higgins 136, Santiago Centro. 6381042.

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