Críticas de Cine
Viernes 16 de Enero de 2009
"El niño con el pijama de rayas"


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Hay películas que se construyen desde el final y por eso las secuencias que cierran "El niño con el pijama de rayas" se sostienen con un montaje impecable y temible que atraviesa las peores estaciones. Es una historia construida con la mirada de un niño que de pronto y sin transición, desciende sin vuelta atrás, la conciencia del mal se vislumbra a prisa y corriendo y finalmente se descubre el horror y la muerte al mismo tiempo.

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La película, durante gran parte de su metraje, se limita a describir la vida cotidiana de Bruno (Asa Butterfiled), un niño alemán de 9 años, cuyo origen es privilegiado, porque su padre (David Thewlis) es un alto oficial y su madre (Vera Farmiga) pertenece a una familia de rango y abolengo.

El grupo deja la ciudad de Berlín, que ya sufre los bombardeos, en busca de otra destinación y una nueva casa para el militar y los suyos, un caserón frío y enorme, donde Bruno cada día se aburre más y lo único que le llama la atención es una granja a la distancia que distingue desde el segundo piso de su casa, donde los campesinos visten con pijamas a rayas.

Como es el punto de vista de un niño, la película se construye con implícitos y rutina: su padre trata de ser cada día más eficiente, el humo que despide la granja se torna pesado y nauseabundo y Pavel (David Hayman), un ayudante de cocina y un hombre de pijama a rayas, es un ser que apenas camina por el hambre que tiene y el miedo que siente.

Frente a la ignorancia de Bruno, que se interna cada vez más por los bosques que rodean su casa, existe una realidad adulta y nunca expresada que es tan cruel y espantosa, que la película adquiere una atmósfera irreal, como si fuera un cuento de hadas negro, porque no hay manera de lograr un final feliz.

En ocasiones ese mundo irrumpe en la realidad del niño, con las enseñanzas del tutor, el fanatismo de un teniente o la desaparición del criado Pavel, pero Bruno resiste el aprendizaje, porque sigue siendo un niño genuinamente inocente.

Y esa inocencia, día a día, cobra fuerza, porque superó el bosque, cruzó un riachuelo y pese a que una cerca de alambre los separa, ya llegó a la granja donde descubre un amigo, Shmuel (Jack Scanlon), que es su contraparte, es judío y está flaco, sucio y hambriento, pero tampoco entiende lo que pasa: es un niño y esa es su fortaleza y dignidad.

"El niño con el pijama de rayas" está preparando el escenario para lo que viene y nunca se apura, incluso tiene momentos morosos y reiterativos, pero la película se aproxima a ese final en cascada, inexorable y demoledor. Son unas secuencias que fusionan el mundo adulto con el de los niños y cuando la maldad abraza a la inocencia surge un brillo que apesta, un ardor que quema y el horror de mirar.

"The boy in the striped pyjama". EE.UU./Gran Bretaña, 2008. Director: Mark Herman. Con: Asa Butterfield, David Thewlis, Vera Farmiga, Jack Scanlon. 94 minutos.

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