Entre las cosas que sí ha hecho bien Canal 13 en los últimos años está el haberse posicionado y haber colonizado el segmento preadolescente (que Mega había comenzado a explotar con "Bakán" años antes). Como les había enseñado la serie de Mega —además de los múltiples ejemplos internacionales, comandados por el fenómeno de "High School Musical"— para hacerlo debían dejar afuera todo complejo de originalidad —en caso de que llegaran a tenerlo— en la aplicación de una fórmula tan clara como la receta del arroz graneado. Apoyados por una estrategia multimedia y por una invasión de los espacios publicitarios y todos los medios al alcance del canal —un privilegio inusual para un programa no estelar—, "Amango" se convirtió en un éxito y el grupo musical formado para ese efecto también. Antes de que la pelota deje de dar botes han sabido cosechar lo sembrado: de ahí vienen "El blog de la Feña" y la ahora igualmente omnipresente "Química, el juego del amor", teleserie preadolescente que protagonizan las estrellas cantantes de "Amango" Augusto Schuster y Gabriela Ernst.
Como lo sabe cualquiera que haya pisado una cocina, una cosa es saber la receta y la otra es ponerla en práctica con éxito. En ese respecto, "Química..." es un banquete bien preparado. Dentro del marco de una historia sumamente simple, que resume hasta lo irrisorio los clichés del subgénero —un nerd que se enamora de una cheerleader y para conquistarla se hace pasar por deportista taquillero—, la narración es ágil, los diálogos son rápidos, efectivos y a ratos ingeniosos y en conjunto el producto parece contundente. A pesar de aplicar brocha gorda en la construcción de personajes extremadamente caricaturizados como el de Lata —encarnado por el no más sofisticado Juan Pablo Sáez—, los guiones, el trabajo de algunos secundarios y la dirección del cineasta Álex Bowen son algunos de los factores que salvan a una serie burda de transformarse en una serie insufrible.
Queda pendiente, sin embargo, un esfuerzo adicional, sin el cual este producto se queda sólo en cumplir con el mínimo común. Las fórmula se podría aplicar igual, la historia podría ser igual de fantasiosa (el nerd adopta una doble personalidad ayudado por unas zapatillas especiales que lo hacen saltar más alto en el básquetbol, para que se hagan una idea), pero "Química..." podría ser una buena teleserie preadolescente chilena si lograra despegar de la copia literal a sus inspiradoras anglosajonas.
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