
Por Antonio Martínez
La presencia y actuación de Sean Penn como el activista Harvey Milk (1930–1978), quien ganó el Oscar por el papel, es un dato imprescindible y quizás lo único que sustenta a esta película, la biografía de un líder homosexual que amplió los derechos de su causa y alcanzó una condición de mártir, porque fue asesinado a sangre fría y a tiros.
La historia se inicia con un Milk a punto de cumplir 40 años y que pronto dejará Nueva York rumbo a San Francisco, donde se convertirá en un comerciante en el barrio de Castro, luego en dirigente de los suyos y postulará una y otra vez al cargo de supervisor municipal.
Finalmente en 1977, después de numerosas derrotas y cuando ya es una figura nacional, se convierte en la primera persona abiertamente gay que es elegida para un cargo por votación popular.
El director Gus Van Sant filma una película militante, de propaganda y de muy bajos horizontes, en que los compañeros de Milk, la tropa que lo acompaña, permanecen en un estado de ebullición perpetua y forman un carnaval continuo, donde lo que impera son las fiestas, el buen ánimo y un mensaje majadero: la buena onda expansiva de Castro.
Los grandes adversarios del movimiento —la intolerancia, el desprecio o la desconfianza de un sector de la sociedad— se resumen en alguna caricatura o en un par de golpizas propinadas por la policía. Todo grueso, evidente y simplón, para subrayar con destacador y muchas luces dónde está el bando bueno y solidario y dónde el muy malo, violento y primitivo.
La película nunca mira seriamente las fronteras externas del mundo homosexual y, lo que es peor, tampoco hacia su interior.
A Van Sant le basta con filmar distintas campañas electorales, que pese a las derrotas son una caravana permanente con un solo discurso, para que el barrio de Castro se convierta en una burbuja o en una tierra prometida, y lo que está fuera de esos límites —familias, políticos, policías— pertenece a las fuerzas del mal.
Sólo Sean Penn, en ocasiones y por su talento, logra cierta introspección cuando anuncia una soledad entre penumbras o busca con ansias a una pareja; pero su actuación es sobre todo física, cuando imita los modos y gestos de un homosexual como Harvey Milk, un animal político sagaz y calculador.
La película es ineficaz a la hora de explicar y convertir a Milk en el símbolo de lo que fue, porque en vez de grandeza y complejidad la historia transmite reducción, mensajes únicos y chatura, por eso nunca abandona la vecindad y los problemas de barrio: conflictos con la venta de cerveza, los ruidos molestos o bien con las suciedades que los perros provocan en los parques.
El director Gus Van Sant quiso hacer una película universal, pero el resultado está más cerca de la burocracia municipal y la historia comunal.
"Milk". EE.UU., 2008. Director: Gus van Sant. Con: Sean Penn, Josh Brolin, James Franco, Diego Luna. 138 minutos.
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Posteado por: mª ignacia rivera preuss 31/03/2009 13:52 [ N° 1 ] |
Creo que esta pelicula refleja la gran lucha que han tenido todos los gays no solo de un pais si no del planeta.La fotografía y las actuaciones hacen que esta pelicula sea sin duda una de las mejores del 2009.Se muestra la vida tal cual sin tapujos y sin prejuicios. |
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Posteado por: Nicolás Varela Molina 08/04/2009 11:14 [ N° 2 ] |
sra (o srta)maría ignacia: creo que debiera separar los juicios estéticos que está haciendo el autor de la crítica, de la aceptación o no de la legitimidad de la causa a la que la película hace referencia. |
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