
Al igual que en el díptico de "La mejor juventud" y "Los años dorados" (2003) de Marco Tullio Giordana, esta es una película con dos hermanos como protagonistas y con la historia de Italia moviéndose a sus espaldas y bajo sus pies.
Lo del director Daniel Luchetti es un intento más modesto en el metraje y también en el tiempo que abarca –las décadas del 60 y 70– pero la intención es similar, porque el relato entrelaza la vida cotidiana con los fenómenos sociales y políticos, que van a marcar a Manrico (Ricardo Scamarcio) y su hermano menor Accio (Elio Germano), que en verdad es el protagonista principal y la voz en off que abre la historia.
Las diferencias entre los hermanos Benassi está en la edad y el carácter, pero el mayor quiebre es el político, porque Manrico está próximo al comunismo y Accio es un joven religioso, solitario e iracundo, cuyas simpatías giran por las letras y el fascismo, que es un movimiento clandestino, derrotado y minoritario en la Italia de los años 60.
"Mi hermano es hijo único" indaga con humor y ternura estas incursiones por un grupo inorgánico y torpe que aún admira a Benito Mussolini. Desde esa decadencia brumosa y desde los sueños imperiales rotos, surge uno de los mejores personajes de la película: Mario (Luca Zingaretti), un vendedor ambulante de toallas, que ve en Accio no sólo a un discípulo o a un camarada, sino algo más, ve al hijo que nunca tuvo.
La película es intensa y delicada cuando se interna en los cuentos de la ciudad Latina, en sus barrios, fábrica y luchas sindicales. En los padecimientos de la familia Benassi y en las miserias de sueldo y la aspiración de la casa propia. Y lo mejor, sin duda, con las giras pedagógicas de Mario con Accio, por la tumba de Il Duce, por la gloria inexistente y por eso que no merece explicación: los italianos, y por lo visto todo el mundo, siempre están de parte de los vencedores.
En estos personajes de convicciones a deshora y fanatismo contra corriente, en esa gente ignorante que entiende sólo una mitad de las cosas, existía una historia trágica y cómica que está en el corazón de la mejor comedia italiana: un relato de perdedores sin brújula y con grandes frustraciones, pero nada impide que ese tipo de gente, incluso, pueda ser feliz.
La película nunca está cómoda cuando debe dar cuenta de los grandes hechos que conmocionan al mundo, como el Mayo del 68, la radicalización de la izquierda o la guerra de Vietnam, porque ningún hecho histórico será tan importante como el pobre discurso de un trágico vendedor de toallas.
La gran historia es más bien caricatura y simplificación, lo valioso de "Mi hermano es hijo único" es la intimidad de unas vidas pequeñas y escondidas.
"Mio fratello è figlio unico". Italia/Francia, 2007. Director: Daniel Luchetti. Con: Elio Germano, Ricardo Scamarcio, Diane Fleri, Luca Zingaretti. 102 minutos. 14 años.
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