
La búsqueda de la emoción está casi en la naturaleza de la televisión. Está en la señora que llora porque ganó un concurso, en el hombre emocionado porque "la magia de la televisión" lo reencuentra con su hijo o con su hermano o con su profesora de matemáticas; está —como pasa en este programa— en la madre, esposa o hermana que se desespera porque su marido, hermano o hija están destrozando su vida por causa de una adicción. La televisión busca emoción porque, aun cuando ella misma la provoque, es una ventana a la realidad, o al menos la ilusión de ella. Cuando a esta búsqueda en televisión se suma una convicción casi mesiánica del medio, el resultado suele ser aberrante. El trueque de "muéstrame lo que te pasa" por "la televisión te ayudará a superar tus problemas" es el chantaje de nuestros tiempos. Sin embargo, "Última salida" es un ejemplo de lo mejor que puede pasar con esos ingredientes.
El referente directo es claro (aunque en los créditos no se mencione ni en letra chica): "Última salida" es la versión chilena de "Intervention", docu–reality estadounidense que se articula en torno al mismo tipo de historia y estructura narrativa. Se trata de un o una adicta que accede a mostrarle a las cámaras cómo es su vida, consumo incluido, ignorando que todo conduce hacia que al final del episodio, cuando su familia —cuyos testimonios vamos conociendo a lo largo del capítulo— le pida, acompañado de un especialista, que se interne y siga un tratamiento de rehabilitación. Siguiendo un camino más tradicional, "Última salida" optó por tener a una conductora en cámara, la periodista Patricia Espejo, quien además se encarga de las locuciones que van explicando de manera a menudo demasiado didáctica todo lo que vamos viendo.
La de "Intervention" —y por extensión, la de "Última salida"— es una manera original de poner en pantalla un conflicto incombustiblemente televisivo como la adicción, un problema que asegura dramas personales, familiares y sociales y que también puede abordarse desde el punto de vista científico y de la salud y educación pública. Más allá de la "inspiración", "Última salida" (producida por Roos Film, empresa especialista en adaptaciones locales de programas foráneos) ejecuta con destreza eso que no se puede copiar ni comprar: el contenido. "Última salida" es una contundente narración con moralejas extraídas desde la realidad (y no del púlpito de la misión de un canal) en gran medida porque tiene detrás una producción periodística y un trabajo de seguimiento no sólo cuantioso en material, sino también delicado: las imágenes pueden ser crudas, pero no parecen sensacionalistas; la cámara nunca parece estar juzgando al enfermo ni torturando a sus víctimas por una lágrima más. Es cierto que la música emotiva, la cámara lenta y los textos de la locución no se resisten a los clichés (quizás faltó mayor ambición en la narración), pero la fortaleza del material recogido eclipsa esas convenciones. Más que la artesanía en el relato, al final de cada episodio, uno queda con la sensación de que lo más importante que le pasó a la familia en cuestión no fue la invasión de cámaras, sino lo que siguió lejos de ella. Y eso sí que califica como televisión de realidad.
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Posteado por: Ebenezer Scrooge W. 17/04/2009 10:38 [ N° 1 ] |
Casi sin darnos cuenta, la televisión ya es un medio en decadencia. Cada vez es menor la cantidad de personas que se sienta ante un televisor. Para las nuevas generaciones la nueva pantalla es el computador y los programas son Messenger, Youtube, Face book etc. El peak de la TV estuvo en los años 80, teleseries , estelares, con 80% de rating ya son cosas del pasado. |
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