
Isabel Plant
El sueco Daniel Rundstroem tiene 78 años, es un piloto retirado, vive en un pueblo perdido en República Dominicana, y está empecinado en cumplir el último gran sueño de su vida: construir y volar su propio avión, estrenándolo en un festival de aviación en Florida. Para eso tiene la ayuda de un joven de la zona, Rainstar, de 16 años, con quien ajusta pieza por pieza de su hijo mecánico, en el que invierten más de tres años de su vida. La relación que se forja es una de padre e hijo, unidos por un sueño, pero el documental muestra que, para eso, Daniel ha dejado atrás a su hijo real, quien nunca se interesó por los aviones. La película, de la directora Juliette Sanders, es un hermoso paseo por los sueños de un hombre, y gana gran valor cuando éste repasa su vida, como cuando llegó a ser el piloto privado del rey de Yemen. Quizás fue un error querer tener dos protagonistas, el joven y el viejo, y añadir la línea de la relación quebrada con el hijo, porque la fe ciega de Daniel en el "bebé" que ha construido para volar, todo lo absorben y lo llenan de emoción; uno termina cruzando los dedos para que el cacharro ese, por fin, se eleve.
"Celebration of flight". 2007. 59 min.
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