
La guerra basura
Antonio Martinez
Bastardos sin gloria" tiene la marca, el sello, el humor y la violencia de Quentin Tarantino, que sigue dando cuenta de una visión de mundo que proviene del cine popular, comercial y de género.
De ese universo sin pretensiones intelectuales ni complejos culturales, que adora el pastiche y la entretención, se alimenta un director que no da dos pasos sin una referencia cinéfila –títulos, actores o historia– para subrayar que su imaginación y energía no se cansan de rendirle tributo al cine.
"Bastardos sin gloria" habría sido una mejor película, más balanceada y con menos lastre, si el director no se sintiera tan obligado a las decenas de menciones y nombres que provienen del cine.
La historia sufre la invasión de las notas a pie de página, donde el peso de la trivia y la película tienden a igualarse, como si Tarantino tuviera tanta pasión por las citas –homenajes, tics, guiños, referencias– como por los personajes y sus aventura.
Es por esto que la película tiende a la desmesura, con secuencias alargadas y diálogos interminables, quizás para que ingresen más y más citas sobre títulos y actores, con el propósito de satisfacer al público fiel y devoto que entiende el mundo desde la cultura cinéfila.
El comienzo de "Bastardos sin gloria" es con una frase fija de cuento o relato fantástico, donde el "érase una vez", en esta ocasión, no señala un reino de hadas o una galaxia lejana, sino a la Francia ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
La película, también al comienzo, presenta al mejor de los personajes, el coronel Hans Landa (Christoph Waltz), con la especialidad de cazar judíos, sin duda un oficial sádico y cruel, pero al mismo tiempo refinado, políglota y con algo que siempre lleva a la perdición: se cree demasiado inteligente.
En ese mismo territorio, pero en el otro bando, existe el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) y un grupo de soldados estadounidenses de origen judío, con la misión de asesinar nazis de la peor de las maneras, para causar temor y escarmiento entre las tropas enemigas y por eso, según la técnica apache, les arrancan el cuero cabelludo a sus víctimas.
Es una película dividida en capítulos, se extiende por 153 minutos y todos los personajes terminan en el mismo sitio, en una sala de cine en París y con Hitler y los jerarcas del régimen entre los invitados, para una función de gala, donde se estrena una película que le canta al heroísmo alemán.
La desmesura y falta de equilibrio afectan y abollan a "Bastardos sin gloria", pero esa es la naturaleza de un director en el que conviven los desperdicios con la maestría del cine, y por eso en la película hay desecho y relleno, pero también inspiración y talento.
Es decir, existe una mitad vacía, pero hay otra llena con el sello, la marca y la identidad de su autor: Quentin Tarantino.
Inglourious basterds. EE.UU., 2009. Director: Quentin Tarantino. Con: Brad Pitt, Christoph Waltz, Eric Roth, 153 minutos.
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Posteado por: Mario Aguila Inostroza 04/11/2009 14:41 [ N° 1 ] |
"Es por esto que la película tiende a la desmesura, con secuencias alargadas y diálogos interminables, quizás para que ingresen más y más citas sobre títulos y actores". |
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Posteado por: Fernando S. D. 10/11/2009 14:11 [ N° 2 ] |
Concuerdo plenamente con Mario (Nº1), lo mejor son los diálogos, como siempre genial Tarantino. |
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Posteado por: María José Salinas Norambuena 16/12/2009 11:53 [ N° 3 ] |
Los dialogos pasan a ser lo más atractivo de la película, sobre todo en el primer capitulo con las tomas propias de los films de Tarantino y la maravillosa actuacionde Christoph Waltz... |
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