
Antonio Martínez
En el cine chileno de los últimos años, partiendo por “Machuca” (2004), luego por “Play” (2005), “La buena vida” (2008) y ahora en “Turistas”, quizás no hay un personaje tan complejo y dolido como las mujeres que interpreta Aline Kuppenheim.
Este personaje tiene en “Turistas” el protagonismo absoluto y en Carla, una profesional vacilante, callada y cuarentona, navegan los otros papeles de la actriz, cuando fue Irene en “Play”, la primera película de Alicia Scherson, o María Luisa y Teresa en las historias dirigidas por Andrés Wood.
Los rasgos de Carla provienen de un matrimonio seco y en crisis, donde la vida y el tiempo han pasado y a cambio, la única herencia que permanece son arrugas, amargura y un sentimiento desolador donde parece que nada valió la pena.
Este sentimiento de hastío y orfandad femenina se convierte en algo concreto y puntual, porque otra pelea –probablemente una de tantas– interrumpe el viaje al sur que hacía junto a su esposo Joel (Marcelo Alonso) y queda en la carretera abandonada y sin mapa alguno.
La película, a partir de ese punto, relata el verdadero viaje de Carla que encuentra su destino hacia arriba en la cordillera, por un parque nacional que adquiere el rango de una comunidad informal, porque los del camping, las dos Susana, el guardaparques y los pocos habitantes del lugar están donde quieren estar, es decir, ya encontraron su lugar en el mundo.
Carla y un compañero de ruta, Ulrik (Diego Noguera), un mochilero noruego, acomodan sus huesos y escasas pertenencias bajo una carpa y van descubriendo lo invisible de las cosas.
Algo que de pronto es el viento, el ruido de una cascada o el hilo de la araña: la naturaleza. O la nobleza y sencillez de sentimientos de las personas que conocen, porque el parque no es el reino perdido de Shangri–la, pero también es cierto que alguien se podría confundir.
El cine de Alicia Scherson, que no por nada estudió biología, escudriña a los seres vivos, a veces por la ciudad, como en “Play”; y ahora a campo abierto.
Analiza lo que tienen en común las especies, cuál es su identidad y cuáles son sus rasgos, y por qué los ocultan o los camuflan y sufren al hacerlo.
Carla, entonces, es un tipo de mujer chilena y esa es la gran especie y enigma de una película que vaga por el laberinto femenino y por sus viejos y queridos tercios: la independencia del macho, el llamado de la maternidad, la compañía de la neurosis o la libertad de la soledad.
Lo de Aline Kuppenheim es una gran actuación para un personaje con ramificaciones en películas anteriores, porque hay algo universal en esa clase de personas que deben superar la desolación, las lágrimas y el brillo oscuro y misterioso de las mujeres tristes.
Chile, 2009. Directora: Alicia Scherson. Con: Aline Kuppenheim, Diego Noguera, Pablo Ausensi, Marcelo Alonso. 104 minutos. Mayores de 14 años.
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