
Por Esteban Cabezas
Es nuevo en Bellavista, ubicado junto a Como agua para chocolate, en calle Constitución. Está bien armado, es discreto y hasta elegante. Su nombre es ambicioso, ya que hace referencia a la búsqueda del goce a través de los sentidos. Vaya. Y lo bueno es que así resulta, en parte, porque hay alguien en la cocina que ama las materias primas. Se nota. Puede que el corte de los pescados de una tabla marina ($12.900) sea hasta sui generis (para darle forma de flor al salmón), pero tanto el pulpo, el atún como el salmón, al igual que unos rolls (uno marciano, con salsa de queso, pero realmente rico), alumbran un futuro mejor. Lo mismo que un entrecot en su punto ($9.900), soberbio, y un mero igual ($8.900) sobre puré de zapallo. Ambos con otros toques de sabor sobre el plato, bien resueltos en su ingenio. Después de probar tanto experimento fallido, aquí hay alguien con paladar y no con tanto “deber ser”.
Se suma a esto una carta de vinos con precios poco inflados y un servicio atento, pero al que le juega en contra una cocina realmente lenta (el café sí llegó de inmediato). Con sus buenos ajustes —la masa de la tarte tatin ($3.600) no es la heterodoxa— y mejorando el ritmo, será más fácil encontrar allí un goce digno de los epicúreos.
Constitución 74, 7324697.
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