Francisco Aravena
Viernes 30 de Octubre de 2009
“Los 80”: Somos todos Herrera


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Nota: 6,8

El año pasado “Los 80” irrumpieron para elevar el estándar de la ficción chilena en televisión. De paso, como inevitablemente sucede con los debuts exitosos, elevó también el punto medio de su propio nivel: la vara con la cual sus posteriores temporadas serían medidas.

Con el vértigo de ese “problema”, esta segunda temporada de la serie dirigida por Boris Quercia arranca inevitablemente con más ambiciones —no se puede repetir un fenómeno, pero se debe mantener un nivel—, y lo que hasta el momento hemos visto de su arco narrativo parece reflejar esa mayor aspiración: ahora que ya conocemos (y “queremos”, de la manera en que uno puede “querer” a personajes de televisión) a la familia Herrera, es el momento de que sus tribulaciones reflejen de manera más clara los grandes temas que cruzaron al país en la mentada década. Hacerlo no sólo requiere una buena dosis de arrojo —se arriesga alienar a la fracción de los televidentes más alérgica a todo lo que pueda parecer “comentario político”—, sino también del oficio y el talento para hacerlo con sutileza, verosimilitud y efectividad. El equipo de “Los 80” está demostrando tener todas las anteriores.

Los Herrera de esta segunda temporada viven en medio de un cambio cultural: Ana ya no vende ropa, vende Tupperware. Juan se enfrenta al dilema —y al miedo— de cambiar el sueldo fijo por las comisiones y fluctuaciones económicas de los microempresarios. Los Herrera están apretados pero, justamente empujados por esa necesidad, se están pegando un salto. En ese vértigo vivimos todos, con el estómago medio apretado pero con ese cosquilleo placentero, con toda nuestra nostalgia reclutada de recuerdos y álbumes familiares al servicio no de la trivia, sino de una narración mayor, importante y profundamente emotiva. Lloramos sin pena porque también tuvimos una torta de cancha de fútbol, un hombre rana a cuerda, una madre que salió a la calle a vender cuando el trabajo escaseaba o un padre que se partió la espalda para pagarnos la comida, el colegio y esos estúpidos juguetes que ahora uno recuerda con absurda e inesperada emoción. Se esperaban, con razón, muchas cosas de esta segunda temporada de “Los 80”. Ahora se puede seguir aplaudiendo. Con razón.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Andrés Bravo
03/11/2009 16:05
[ N° 1 ]

Que crítica más "poco crítica" y contemplativa. La década de los '80 fue mucho más que una sarta de recuerdos edulcorados, anecdóticos y episódicos.
"...y esos estúpidos juguetes que ahora uno recuerda con absurda e inesperada emoción"
¿ Por qué estúpidos ?
¿Por qué absurda e inesperada ?
Como muchas de las lìneas que escribe el comentarista, no hay reflexividad en lo que escribe.

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