Barómetro
Viernes 06 de Noviembre de 2009
Don Rodrigo: Siete razones para ir


Por Bárbara Muñoz S.

Es curioso lo que pasa con este piano-bar. Es de esos lugares de gusto tan dudoso que llegan a ser cool. Por eso no diría que es un bar bonito, pero sí que tiene estilo. Mucho estilo. Desde que abrió en 1988 (¡tiene 21 años!), al bar Don Rodrigo –ubicado al interior del hotel Foresta, en el barrio Bellas Artes– le sobra ambiente. Y también razones para que uno quiera ir.

Primero, porque quien abre la puerta es un hombre con sombrero de copa y elegante uniforme de portero de hotel antiguo. Notable.

Segundo, porque una vez adentro, el humo, la luz tenue, la alfombra azul, los espejos, las letras de neón rojo sobre la barra y las antigüedades en sus rincones le dan un aire de rancia elegancia.

Tercero, porque la carta, aunque parezca sólo una hoja blanca plastificada, tiene impresas unas caricaturas que dicen mucho del lugar: son dibujos de Guido Vallejos, el dueño del bar, y fundador de la mítica revista “Barrabases”.

Cuarto, porque el público es tan ecléctico como su decorado: hay desde llamativas estudiantes de teatro e intelectuales de Lastarria, hasta "compadres" cerveceros y gente de la tercera edad.

Quinto, porque la música que emana de la armónica y el piano de Hernán Lavanderos (esa noche sonaba Edith Piaf), contagia de una nostalgia fascinante.

Sexto, porque los garzones, la mayoría gente "de edad" y vestidos siempre de humita, caminan entre las mesas con el seño fruncido y la voz malhumorada, pero su servicio es impecable y atento. Durante la noche llevan a la mesa pocillos de maní y canapés por cuenta de la casa. Y aunque sean uno de los peores canapés que haya probado en mi vida (una arveja coronaba el bocadillo), el gesto se agradece porque ya no existen muchos lugares en los que tengan ese tipo de gentilezas.

Y séptimo, porque si bien en la carta no hay nada muy sofisticado -un puñado de cervezas, algunos licores y cócteles sin mayores pretensiones; y para comer, papas fritas, cebiche de reineta, machas a la parmesana y sándwiches- todo es muy, muy barato.

Es cierto que no es perfecto, pero con todo, prefiero un lugar así a esos bares nuevos, asépticos, iguales unos de otros, con música electrónica, luces azules y amoblado de departamento piloto. Al menos para ir a éste, tengo siete buenas razones.

Victoria Subercaseaux 355, 6396261. Promedio pareja: $12.000.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Carlos Domeyko Vigneaux
12/11/2009 16:04
[ N° 1 ]

12.11.09
Doña Bárbara, pero qué barbaridad mas grande, Vd acaba de asesinar a Don Rodrigo cuando dice que es muy, muy barato..
Carlos Domeyko Vigneaux

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