
Nota: 6,0
Ricardo Astorga es un subgénero televisivo en sí mismo, y que haya dedicado los últimos años a recorrer el mundo por sus rutas atípicas y a menudo salvajes con una cámara, habla primero de una capacidad persuasiva y ejecutiva que cuesta no aplaudir. Cada temporada cambia de destino, de ruta y también de compañera: una figura femenina conocida, usualmente actriz, que las oficia de compañera de ruta y de comparsa ideal para esta especie de cruza entre Indiana Jones, Sean Connery y Tarzán que es Astorga: ella es la voz del sentido común, es la que se impresiona, la que empatiza con las comunidades nativas y la que se asusta con lo que hay que asustarse, la que sonríe a la cámara y encanta al telespectador y la que encuentra que lo que dice–enseña Astorga es tremendamente interesante y hasta un poquito sexy.
Esto no equivale a decir que el rol de las compañeras de ruta no sea un buen aporte; pero en su misma rotación en el asiento de copiloto del mismo conductor está asignado su papel. Esta vez junto a la actriz María Elena Swett, Ricardo Astorga nos conduce en busca de una ciudad imaginaria, Shangri–La, como excusa para recorrer —para ponerlo en el “estilo Astorga” de narración— paisajes y personajes siempre interesantes y a ratos fascinantes de China, Flilipinas, Laos, Cambodia y el Tíbet, entre otros.
El viaje es sin duda cautivante, aunque a menudo la locución —principalmente a cargo de Astorga, el dueño del negocio— y los textos exageran demasiado en su vocación didáctica y se llenan de reiteraciones de ideas a prueba de telespectadores con déficit atencional. A medida que el Team Astorga avanza por el mapa de lo exótico recorren una serie de ceremonias (o, como dice él, “fiestas y alegría”, “mitos... y ritos”, y por qué no decirlo, “un cuanto hay de personajes de variopintas y obscenas estampas”).
Aunque a estas alturas es parte de su estilo, el programa podría beneficiarse de un mejor trabajo de textos y locución. En los ratos en que María Elena Swett toma la voz de la narración y el protagonismo en cámara –personalizando la visión de una viajera poco experimentada– se ve cómo estas “rutas de...” podrían beneficiarse de una participación femenina más estable, o al menos más central. Por el momento, sin embargo, esto sigue siendo a fin de cuentas la ruta de Astorga. Y por lo mismo, con todas las millas que tiene en su cuerpo, él podría ahorrarse comentarios en cámara como “¡en Chile no existe algo como esto!”.
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Posteado por: Romano Cesar Victorius 09/05/2010 15:37 [ N° 1 ] |
Ya quisiera yo llevar la camara y la mochila del señor Astorga... |
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