
Por Bárbara Muñoz
Debo confesar que tengo miedo. Me ha pasado muchas veces que conozco un restaurante pequeñito, sin muchas pretensiones, de pocas mesas, ambiente acogedor, atención cálida y comida hecha con cariño, y comienzo a frecuentarlo hasta terminar sintiéndolo como si fuera mío. Pero, al tiempo, como lo que uno siente también lo sienten otros, la voz se corre rápido, el local se llena y ¡tate! los dueños anuncian que van a expandirse porque el lugar les quedó chico. Y después ahí están, ampliados, con decenas de mesas y bien “enchulados”. Y puede que la comida mantenga la misma calidad, pero uno deja de sentirse en casa.
Sé que son las leyes del mercado. Que no se le puede negar a alguien el legítimo deseo de ser más. Y que es romántico, e incluso egoísta, querer que las cosas se mantengan como uno las conoció, a escala “vecina”. Pero eso no me quita el miedo. En este caso, de que eso le pase a un pequeño restaurante de Providencia que durante mucho tiempo fue mi lugar favorito para almorzar: el Creative Kitchen. Era barato y la comida no sólo era sabrosa y saludable (cocinaban sólo con alimentos funcionales que son beneficios para la salud) sino que además se respiraba un aire de calidez, potenciado por pequeños y adorables detalles. En las pocas mesas que tenían siempre había un jarro con agua saborizada naturalmente (como gentileza de la casa) y unos pequeños panes pita con delicioso hummus de garbanzo. Recuerdo con nostalgia el plato que para mí era la estrella de la casa: huachalomo de wagyu con ñoquis. Una maravilla.
Pero pasó que un día fui a almorzar y la dueña me contó que cerrarían el restaurante. Que habían comprado una casa enorme en Avenida Padre Hurtado y que en un tiempo más, abrirían allá. “Es hora de crecer”, dijo. Y entonces, me entró el pánico.
El tema es que el martes pasado fui a conocer el nuevo Creative Kitchen, que ahora se llama Casa Mar. La casa es enorme. Y preciosa. Y el lanzamiento fue apoteósico: deben haber habido quinientas personas pululando por ahí, incluyendo famosillos y actores. Habían pantallas gigantes y un escenario donde tocaron músicos.
En una ocasión así, que es más bien un evento social y no gastronómico, es imposible dimensionar cómo será su futuro. Lo que sí me quedó claro es que éste es un nuevo lugar, distinto al que conocí. Que le hayan puesto otro nombre ya es un indicio. Pero habrá que esperar un tiempo para ver si puede convertirse en mi nueva casa. Yo, no pierdo la fe.
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Posteado por: Natalia González Moltedo 11/06/2010 10:44 [ N° 1 ] |
En mi caso, me pasó con el Olán. Hace cuatro años era un local muy pequeño en Seminario, donde la comida además de ser rica y barata, habían mesas siempre disponibles, te atendían rápido y con cariño. También era mi casa. Meses después empezaron a llegar actores y músicos, ya no era tan fácil conseguir mesa y la cocina estaba lenta, muy lenta. La temida ampliación era inminente. A pocos metros inauguraron un segundo local, más amplio, subieron los precios (ya van dos aumentos y dejó de ser una picada), "subió de pelo" y el ambiente íntimo se perdió. Si bien sigue siendo un buen restaurant, ya no tiene la mejor proporción precio/calidad ni lo puedo llamar mi casa. Sobre todo porque es muy difícil conseguir mesa a la hora de la comida y se niegan a usar el sistema de reservas. Bien por ellos, pero para mí fue una pérdida. |
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Posteado por: Jorge Adrián Ocampo Ercilla 11/06/2010 10:54 [ N° 2 ] |
Sta. Bárbara Con su artículo me trae a la memoria un pequeño " bistró " que desde chico sabía que existía en el centro de Santiago, creo que en calle Merced, en ese tiempo yo vivía en calle San Antonio así que pasaba habitualmente por allí. Me refiero a "Les Assassins", curiosamente nunca fui, ahora ya no vivo en Santiago. ¿ Me pregunto si todavía existe o creció y se fue a otro lugar de Santiago ?. |
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Posteado por: Maximilian Sterling 11/06/2010 11:01 [ N° 3 ] |
Don Peyo, el clásico, al menos el que yo conozco como "clásico", el de Eduardo Castillo Velasco con Lo Encalada, se expandió y pusieron uno en Manuel Montt. PS. A la señorita bloguera, nuevamente, se le agradece que de su nombre y haga críticas sin escudarse en seudónimos siúticos y poseros, como el de el crítico de cocina de la revista del domingo. |
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Posteado por: paul Buqq schall 11/06/2010 11:19 [ N° 4 ] |
Permiso "Fudi"...a través de este blog quiero enviar un saludo a mi gran amigo José Luís Merino, dueño del Ciudadano y Ciudad vieja (reportaje hoy en Wiken)...un tremendo chef que sin parafernalia ha logrado consolidarse...un abrazo amigo y felicitaciones... PD...de la columna nada que decir... |
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Posteado por: Edith Tello 11/06/2010 11:25 [ N° 5 ] |
Primera vez que te leo y con tu columna se me vineron muchos recuerdos a la memoria. Cuando llegué a Santiago iba a un lugar chiquitito pero tan pintoresco en donde vendian empanadas de todos los sabores, cosa que para mi era inimaginable, ya que solo conocía las empanadas de pino y de queso jajaja. Como adornos tenían la maquina de cocer quien sabe de quien, (del año de la pera si), las pesas que se usaban cuando yo era chica, muchos pero muchos libros que mientras me comia la empanada los hojeba, cuadros de todos los trovadores que me gustaban en esa epoca. Iba tan seguido, que ya practicamente entraba a la cocina jajaja, bueno, nunca tanto pero así de comoda me sentía. Para qué decir del té, era en hoja y en tazón. Me emociona recordar esa época cuando estaba todo el día soñando, estudiando y cantando Victor Manuel.. . |
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Posteado por: Italo De Barbieri O. 11/06/2010 12:22 [ N° 6 ] |
me recuerdo de varios pequeños restorant, sobre todo uno en calle noruega, creo que se llamaba La Tasca(a lo mejor me equivoco)eran pocas mesas, se comia las típicas tapas, abundantes y muy sabrozas, despues de estar todos los comensales atendidos, el dueño, Joaquín me parece, acercaba un piso y se ponía a cantar flamenco,,,,era un lugar muy cálido.Despues creo que se cambio, o agrando y ya no fue lo mismo. |
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Posteado por: Nicolas Garcia Quzada 11/06/2010 12:31 [ N° 7 ] |
No he podido tener tales experiencias con los lugares donde solemos saciar nuestros mas minimos anhelos culinarios, pero me imegino tu historia y la comprendo bien Ha Feliz cumpleaños, que cumplas muchos y nos sigas entreteniendo nicolasgarciaq@twitter |
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Posteado por: Nicolas Garcia Quzada 11/06/2010 12:33 [ N° 8 ] |
No he podido tener tales experiencias con los lugares donde solemos saciar nuestros mas minimos anhelos culinarios, pero me imegino tu historia y la comprendo bien Ha Feliz cumpleaños, que cumplas muchos y nos sigas entreteniendo nicolasgarciaq@twitter |
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Posteado por: Matías Infante E. 11/06/2010 12:59 [ N° 9 ] |
Posteado por: Ítalo: Que buen recuerdo de La Tasca (así se llamaba). La primera vez que fui, pedí pulpo a la gallega, y nunca más cambié de pedido. Al frente estaba "Los Chavales", que también era muy bueno. Ahí atendía un mozo igualito a Elvis. |
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Posteado por: Maria Cecilia Larrain Contreras 11/06/2010 17:25 [ N° 10 ] |
Barbara, que buenas son tus columnas!, gracias por ellas. |
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Posteado por: Maca M S 11/06/2010 17:36 [ N° 11 ] |
Hay un lugar que me parece que es la excepción que confirma la regla: el Tiramisú de Isidora Goyenechea... por más que se amplía, siempre está repleto! |
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Posteado por: Ruben Alvarez Lama 12/06/2010 11:00 [ N° 12 ] |
Como el título de la columna lo dice,detrás de todo emprendimiento gastronómico hay un legítimo deseo de hacer crecer el negocio. De estos cinco puntos se pueden sacar algunas conclusiones. |
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Posteado por: Elisa Habermeyer Grasty 20/06/2010 10:46 [ N° 13 ] |
Hola Barbara |
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