Metida casi como contrabando aprovechando la atención y quizás hasta la labilidad emocional con que queda uno tras ver cada capítulo de la impecable tercera temporada de “Los 80”, Canal 13 programó “Volver a mí”, una serie que hace rato esperaba pantalla desde que hace tres años se adjudicara fondos del Consejo Nacional de Televisión para su realización. Esta especie de franja del CNTV (recordemos que “Los 80”, la mejor serie hecha en Chile, es sólo posible por los fondos estatales) demuestra que el organismo es mejor financiando productos de calidad que representando sensibilidades de feligreses ofendidos; y demuestra también que los canales de televisión están en deuda con la televisión de excelencia (los costos los paga el CNTV y los realizadores, pero para la foto y los aplausos aparecen los canales).
Creada a partir de una idea original de la actriz María Izquierdo, “Volver a mí” trata de una comunidad terapéutica a donde llegan distintos personajes —representativos de Chile, podría uno aventurar— a sanarse de sus adicciones. Una especie de terapia nacional representada en la ficción de las terapias individuales: ahí está el ex militar alcohólico ligado a un pasado oscuro que aún no se expresa pero se adivina, la hija rebelde y drogadicta de una senadora que no la pesca, el profesor universitario “taxi” adicto a las anfetaminas y la actriz adicta a la cocaína. Y, claro, el staff: la directora, una psiquiatra pragmática y arrogante (Esperanza Silva como Esperanza Silva), la terapeuta media hippie, retornada, sensible, ética, madura (María Izquierdo como María Izquierdo), el jardinero pícaro buena onda (Luis Dubó como Luis Dubó), el profesor de yoga, la nana peruana, el chef afeminado. En líneas generales, por el tufillo a autoayuda nacional y lo inverosímil de ciertas situaciones (un síncope por consumo de cocaína no se trata en una comunidad terapéutica con flores en las paredes, se trata en una urgencia), “Volver a mí” camina a ratos en el límite de lo caricaturesco y burdo. Pero el guión es más inteligente que eso, la dirección —de Matías Stagnaro— es hábil y la calidad del reparto —lo que hacen en pantalla, no sólo su currículum— transforman a “Volver a mí” en una serie interesante a la que dan ganas de ver crecer. La interacción del ex militar con la terapeuta retornada está particularmente bien lograda, y es donde mejor se demuestran los méritos de la serie: sutil, con momentos impecables y con actores monumentales. María Izquierdo se está interpretando un poco a sí misma, cierto, pero esta es de las mejores versiones que le hemos visto. Y Alejandro Goic está demostrando por qué es una injusticia que no lo estén tapando a homenajes. La serie es mucho más que Goic, pero ya por el hecho de darle un papel a su altura es televisión de calidad. En trasnoche, con costos externalizados y ganancias compartidas, como suele ser.
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |