Ernesto Garratt Viñes
Viernes 14 de Octubre de 2011
"El año del tigre" y el cine chileno en Valdivia


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La nueva edición del Festival de cine de Valdivia reúne, cosa gravitante y como hace mucho tiempo no lo hacía, a un grupete crucial de filmes chilenos nuevos, recientes, muchos más que notables. Es una cosecha, según mi punto de vista, más que buena. Está "Bonsai", de Cristián Jiménez y basada en la preciosa novela de Alejandro Zambra, está "El circuito de Román", muy inteligente película del debutante Sebastián Brahm; está "Sentados frente al fuego", lo nuevo de Alejandro Fernández, el director de la notable "Huacho", y está, entre otras, "El año del tigre", lo nuevo de Sebastián Lelio y una mirada al terremoto que vivimos en Chile en las antípodas de la superproducción "3:34".

He tenido la fortuna de ver la reaccción que provoca en festivales extranjeros, "El año del tigre", una película realmente inspirada con un Luis Dubó impecable cómo un preso que escaba de la cárcel y es testigo del Apocalipsis que provoco el terremoto y el sismo en el sur chileno del 27F. De hecho, algunas de las funciones que se exhiben en el marco del TIFF (Festival de cine de Toronto) del "El año del tigre" no se terminan con el fin de la historia. Despues de la proyeccion siguieron interesantes Q&A, preguntas y respuestas, con el público que se quedaba en la sala para preguntar los detalles más inesperados de esta espiritual visión del terremoto de 2010 que sufrió nuestro país.

"Al público de Canadá le ha llamado la atención cómo filmamos y mostramos esas ruinas en Chile", me decía Lelio sobre su tercer largometraje ("Sagrada familia", "Navidad"), rodado sólo dos semanas del terremoto y la historia de este reo en fuga. El viaje de este hombre que casi no habla y a quien la cámara sigue por un periplo con una buscada cuota de misticismo, ha sido entendido en general por espectadores extranjeros y ahora chilenos, creo yo. En los créditos iniciales de la película hay una crucial cita bíblica (Corintios 15:51), un elemento que ayuda a entender la mirada espiritual de esta cinta. "No es una mirada religiosa, es algo que trasciende lo material", comenta el director chileno que tras su paso por el Festival de Locarno.

"Experimentamos muchas réplicas al momento del rodaje, fue sumamente intenso", me decía Lelio, joven realizador para quien la anterior cinta chilena sobre el terremoto, "3:34", de Juan Pablo Ternicier, le pareció válida. "Es bueno que co existan distintos tipos de cines chilenos, unos títulos que buscan ser mas transversales, otros que buscan otros objetivos (...) Pero nuestro fin en la película nunca fue mostrar el terremoto como un espectáculo".

"El año del tigre", título que hace mención al año 2010 en el calendario chino y uno que es sumamente violento y destrutivo, tambien tiene otro significado: aparece un tigre (de circo) enjaulado en medio del caos que ha dejado el tsunami en el sur de Chile.

Sebastián Lelio, creo, es de las voces interesantes que tienen algo qué decir en el cada vez más interesante cine chileno. Y lo mismo me pasa con "El circuito de Román", de otro Sebastián, Sebastián Brahm: una cinta que no solo parece inteligente. Realmente lo es. La historia acerca de un investigador de la memoria que regresa al centro de estudios de su juventud, donde se topa con su viejo amor, es una buena manera de jugar con la tesis de esta pelicula "cientifica": "En verdad no recordamos las cosas como fueron, sino que nos acordamos de lo que queremos", me ha dicho este director y, en efecto, mientras el personaje central investiga sobre el modo que nuestro cerebro recuerda, este protagonista se da cuenta que el pasado personal que atesora está lleno de errores y faltas a la verdad.

El productor de este filme que pronostico puede llegar a ser culto es Gregorio González, el mismo que ayudó a levantar "La nana" y quien fue destacado por la revista Variety durante el festival de Toronto por este y otros proyectos: "Perez", de Álvaro Viguera y basada en la obra de la joven dramaturga Elisa Zulueta sobre la tensa relación de un padre maduro y su hija veinteanera; y "R.Lorena", de Isidora Marras y un drama sobre una mujer cuya madre sufre de Alzheimer y que resulta perseguida por varias agencias.

En una idea, están pasando cosas trascendentales con el cine chileno. Ya lo decía con razón el actor Diego Noguera y protagonista de "Bónsai": El cine chileno está llamando más y más la atención en festivales extranjeros. La diversidad temática y la originalidad resultan interesantes, en Valdivia y en Cannes. Y lo he visto. Ahora, la gran tarea, es que los chilenos, acá, en salas, también lo noten.

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