*La autora es sicóloga
Seguro que en la teoría sobre la guerra habrá múltiples capítulos sobre cómo engañar al enemigo si la fuerza para derrotarlo no es evidente. Con el aparato psíquico pasa algo parecido. Nuestro inconsciente tiene, entre muchos elementos, al niño/a herido que alguna vez fuimos. No siempre lo conocemos, no recordamos necesariamente esas heridas y menos aun como reaccionamos para defendernos, entonces y hoy. El presente está cargado de impulsos a actuar de ciertas maneras, que sólo puede comprenderse desde el inconsciente. Repetimos una y otra vez maneras de reaccionar ante ciertas situaciones y decimos “es que así soy” y luego tenemos una lista de explicaciones de por qué somos así. Lo que no decimos, a veces porque no lo sabemos, es que no podemos ser de otra manera, no hay elección en nuestra reacción, está “seteada” como dirían los computines.
Y lo interesante es que, así como en la guerra, el inconsciente camufla su fuerza y su actuar sobre nosotros, es un experto en disfrazarse, es un gran estratega.
Por ejemplo, si alguien es un perfeccionista puede decir que la verdad es que tiene pasión por hacer las cosas bien, que así lo enseñaron, que así debe ser. La verdad es que arruina sus relaciones, lo pasa mal en el mundo que es por definición imperfecto, y persiste en mantener que es una elección suya (o de su crianza familiar) el actuar así. ¿Y si fuera un mero disfraz ante el terror al fracaso en que fue criado, ante un padre descalificador a quien nunca logró satisfacer? Entonces para soportar el miedo de fracasar siempre o el mandato de fracasar de todas maneras, resultó un perfeccionista que cree en la superficie que así vencerá el fracaso, pero en definitiva sólo lo provoca. Porque al final es porque es perfeccionista que le va mal en los trabajos, que es ineficaz, que es agotador, que es descalificador y mal genio, etcétera. Nadie aguanta… salvo que el sujeto pruebe ser un genio y de esos sí que hay pocos.
¿Por qué no devolverle al inconsciente la mano en la misma teoría de la guerra y camuflarnos en el día a día para que no nos domine? Por ejemplo, el sujeto perfeccionista podría convertirse en un budista serio que practique el desprendimiento de manera sistemática y tal vez ganarle a su historia infantil por la vía de la desobediencia.
O la niña linda que le teme inconscientemente a la envidia que de chica provocaba en sus hermanas y entonces hace de su vida un drama para que nadie la odie o la envidie. Qué tal si decide camuflarse y no ser tan linda pero sí exitosa, vence el miedo a la envidia primitivo, infantil, con un pequeño camuflaje.
Todo lo anterior sólo para advertir que las cosas que sentimos y hacemos no son siempre lo que parecen.
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Posteado por: Loo Saavedra Ga 28/10/2008 14:11 [ N° 1 ] |
Lo mismo harán los gobernantes no?? |
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Posteado por: Gloria Bensan Jofré 28/10/2008 22:35 [ N° 2 ] |
Quedé enviciada con este artículo. Quiero más... muy interesante, práctico y realista... |
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Posteado por: Juan Contreras Valenzuela 01/11/2008 19:13 [ N° 3 ] |
En lo que a mi respecta, habiendo sido violento toda mi vida empecé después a cambiar de actitud para ser mas condesendiente de modo de privilegiar las relaciones y ¿saben que? al final descubrí que era mas feliz cuando reaccionaba como lo sentía. El tratar de agradar no me dejaba feliz por dentro. Por lo tanto he vuelto a actuar como lo siento y aunque el resultado no sea muy elegante por lo menos me deja mas tranquilo ya que no tengo que cargar con un montón de rabia contenida. Conclusión; "ante gente envidiosa o que te ataque hay que responder como se merecen y no disfrazar las cosas haciendo parecer que nuestro talento o éxito no es tal". |
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